“Congresista Carrascal alerta sobre cómo algoritmos impulsan ideologías conservadoras en Colombia”

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La representante a la Cámara por el Pacto Histórico, María Fernanda Carrascal, encendió las alarmas sobre la peligrosa conexión que existe entre las tendencias estéticas virales en redes sociales y la promoción de discursos políticos que buscan limitar los derechos de las mujeres. A través de un análisis publicado en su cuenta de Instagram, la congresista cuestionó cómo los algoritmos pueden convertir modas como el *clean look* y el movimiento *tradwife* en herramientas ideológicas que imponen una única forma «correcta» de ser mujer, vinculándolas directamente con narrativas conservadoras sobre la familia y el género.

En su publicación, Carrascal advierte que el problema no radica en las tendencias estéticas en sí mismas, sino en la forma en que los algoritmos de las plataformas digitales conducen a los usuarios desde videos de maquillaje natural y vestimenta neutra hacia contenidos que promueven roles tradicionales de género. «¿Puede un algoritmo convertir una tendencia estética en un discurso político? El clean look no es el problema. El problema aparece cuando, poco a poco, el contenido empieza a asociar esa imagen con una única forma ‘correcta’ de ser mujer», escribió la congresista en su cuenta de Instagram.

La advertencia de Carrascal cobra especial relevancia en el contexto del reciente giro político hacia la derecha en Colombia, tras el triunfo de Abelardo de la Espriella en las elecciones presidenciales. La representante señala que el consumo continuo de estos contenidos puede normalizar ideas que, a la larga, buscan limitar la autonomía femenina y su participación política. Para ilustrar su punto, la congresista mencionó dos casos concretos que evidencian cómo estas narrativas se materializan en la esfera pública: el de la activista conservadora estadounidense Erika Kirk, quien propuso reemplazar el voto individual femenino por un sistema de representación a través del esposo, y el de la gestora social de Cali, Taliana Vargas, quien afirmó que su rol como cara de la familia busca evitar que Colombia caiga en corrientes comunistas.

La delgada línea entre la elección personal y la imposición moral

La congresista del Pacto Histórico fue enfática al señalar que su crítica no está dirigida contra las mujeres que, por decisión propia, eligen dedicarse al hogar o llevar un estilo de vida conservador. «Esto no significa que toda mujer religiosa, conservadora o que quiera dedicarse al hogar sea una tradwife. Esa simplificación sería injusta», aclaró Carrascal. La diferencia, según su análisis, aparece cuando una decisión personal se convierte en una norma moral para todas las mujeres o cuando se propone limitar sus derechos y su participación política. La representante mencionó los casos de la activista conservadora estadounidense Erika Kirk, quien propuso reemplazar el voto individual femenino por un sistema de representación a través del esposo, y de la gestora social de Cali, Taliana Vargas, quien afirmó que su rol como cara de la familia busca evitar que Colombia caiga en corrientes comunistas, como ejemplos de cómo estas narrativas se materializan en la esfera pública.

«A partir de los casos de Erika Kirk y Taliana Vargas, podemos evidenciar cómo ciertas narrativas sobre la feminidad, la familia y los roles de género pueden terminar influyendo en la manera en que entendemos la participación política y los derechos de las mujeres»

María Fernanda Carrascal, representante a la Cámara

La congresista fue cuidadosa en aclarar que su crítica no va dirigida contra las mujeres que, por decisión propia, eligen dedicarse al hogar o llevar un estilo de vida conservador. «Esto no significa que toda mujer religiosa, conservadora o que quiera dedicarse al hogar sea una tradwife. Esa simplificación sería injusta», explicó Carrascal. La diferencia, según su análisis, aparece cuando una decisión personal se convierte en una norma moral para todas las mujeres o cuando se propone limitar sus derechos y su participación política. Este debate se intensifica en un momento en que el movimiento *tradwives*, que promueve roles domésticos y de dependencia económica, ha ganado fuerza en plataformas como TikTok e Instagram, mientras que el *clean look* se ha popularizado como una estética de maquillaje natural y vestimenta neutra.

Algoritmos que moldean la opinión pública

La congresista mencionó dos casos concretos para ilustrar su punto: el de la activista conservadora estadounidense Erika Kirk, quien propuso reemplazar el voto individual femenino por un sistema de representación a través del esposo, y el de la gestora social de Cali, Taliana Vargas, quien afirmó en una entrevista que su rol como cara de la familia busca evitar que Colombia caiga en corrientes comunistas. «A partir de los casos de Erika Kirk y Taliana Vargas, podemos evidenciar cómo ciertas narrativas sobre la feminidad, la familia y los roles de género pueden terminar influyendo en la manera en que entendemos la participación política y los derechos de las mujeres», afirmó la representante.

«Esto no significa que toda mujer religiosa, conservadora o que quiera dedicarse al hogar sea una tradwife. Esa simplificación sería injusta. La diferencia aparece cuando una decisión personal se convierte en una norma moral para todas las mujeres o cuando se propone limitar sus derechos y su participación política»

María Fernanda Carrascal, representante a la Cámara

La congresista fue cuidadosa en aclarar que su crítica no va contra las mujeres que eligen libremente las labores del hogar, sino contra la imposición algorítmica de una norma moral colectiva. En un contexto donde el movimiento *tradwives* ha ganado fuerza en redes sociales promoviendo roles domésticos y de dependencia económica, y donde el *clean look* se ha consolidado como una tendencia estética de maquillaje natural y vestimenta neutra, Carrascal advierte que la línea entre la elección personal y la imposición ideológica se vuelve cada vez más difusa. La congresista concluye que, en medio de un giro político hacia la derecha en Colombia, es fundamental estar alerta sobre cómo los contenidos digitales moldean la opinión pública y pueden terminar normalizando ideas que atenten contra la autonomía y los derechos políticos de las mujeres.

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