Por ESTEBAN JARAMILLO OSORIO
Colombia, sin clase, arrebatada y goleadora
James está, pero no está. Lucho está. Alucina…en el trono de los elegidos, al lado de Messi, Halland, Mbappé, Havertz y Olise.
Al juguete favorito, el 10 de Colombia, se le agota el tiempo como a Modric y Ronaldo. Su esfuerzo no basta. Su talento está como sus ganas, pero su fútbol no trasciende. James problema o solución. No disfruta, sufre en la cancha
Toca y se para… o trota. Juega porque Lorenzo no ve lo que otros ven… o le teme, o el respeto es consecuencia de la gratitud. En el mundial de bólidos, Colombia es un auto sin carrocería, con escasa gasolina y sin velocidad.
El triunfo en el estreno, música para los ojos y los odios. Como alivio. El liderato del grupo con sus efectos. Pero el trámite dejó dudas, con ataque lento, circulación previsible y escasas variantes tácticas.
Hubo posesión, en muchos casos inefectiva y sin intensidad.
Fueron tres goles o tres golazos. El remedio ante la decepción. El combustible para la felicidad del pueblo. Especialmente la obra de Muñoz que tuvo desmarque, visión, pase, precisión, toque sutil, espacio y una brillante definición.
En el mismo lugar donde se consagraron Pelé y Maradona, campeones eternos.
Con sufrimiento hasta el final, cuando el Cucho Hernández, se desató en la banda con gambetas sostenidas y Jámidton Campaz, cabeceó a placer. Triunfo para recordar.
Lucho y Gustavo Puerta. Ellos, y algo más.
El futbol de Colombia, el de las taquicardias, las idolatrías, con emociones, los héroes y sus historias. Y un triunfo sin brillo, pero con motivos para celebrar.










