En medio del conflicto del Catatumbo, la esperanza de la paz anida en unas máquinas de coser y en las faldas de Ixora que hoy esperan volver a moverse.
ONU NOTICIAS
La paz se tiene que coser, puntada a puntada. Con esa idea, la lideresa social Katerine Avella creó un pequeño taller de costura en el Catatumbo. Con la ayuda de una víctima del conflicto armado y el apoyo de varias organizaciones, empezaron a confeccionar las faldas envolventes de su marca Ixora, que con el tiempo llegaron incluso a desfilar en pasarelas de alta costura. Sin embargo, la violencia regresó a la región y hoy el reto es sostener el proyecto en medio de las dificultades.
Katerine Avella, excombatiente firmante del Acuerdo de Paz, decidió tejer su proceso de reincorporación apostándole a la reconciliación. Para ello, estableció un taller de costura en el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) de Caño Indio, en Tibú, Norte de Santander. Llegó allí en 2016, como muchos otros, buscando rehacer su vida. Pero también con la intención de construir algo más que un ingreso: un espacio de formación, cuidado y empoderamiento para mujeres, que ayudara a prevenir violencias y a recuperar la confianza en medio de un territorio golpeado por el conflicto.
Así nació en 2019 la asociación Puntadas por la Paz. Cinco mujeres firmantes y tres de la comunidad empezaron a reunirse alrededor de máquinas de coser, apoyadas por la cooperación internacional y entidades del Estado. Al inicio confeccionaban prendas básicas como sudaderas, camisetas y uniformes. Pero en 2021 el proyecto tomó un nuevo rumbo con la llegada de Lina Garcés, economista formada en la Universidad Externado y fundadora en Cúcuta de una tienda de ropa de segunda mano llamada Lina’s Closet, que ella misma definía como un espacio de “segundas oportunidades”.
El encuentro entre Katerine y Lina se dio gracias a una iniciativa de la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Colombia, que propuso un taller de alta costura en Caño Indio. Lina aceptó participar, aunque no sin reservas, pues su historia personal estaba marcada por el conflicto armado. Sin embargo, decidió viajar y encontró un entorno muy distinto al mundo de la moda: alojamientos sencillos, caminos sin pavimentar y condiciones básicas. Pero también descubrió algo que no esperaba: el talento de las mujeres. Muchas de ellas habían aprendido a coser durante la guerra, y ese conocimiento hoy se transformaba en una nueva oportunidad.
Durante quince días trabajaron en diseño, tallaje y acabados. De ese proceso surgieron las faldas envolventes inspiradas en la flor de Ixora, símbolo de resistencia en el Catatumbo. Más allá del trabajo técnico, también se fue construyendo un vínculo. Compartieron jornadas largas, conversaciones y momentos cotidianos que fueron generando confianza. Con el tiempo, ese proceso dio origen a la marca ‘Ixora, inclusivas y autónomas’.
Para finales de 2021 ya contaban con una primera colección, que presentaron en la biblioteca Julio Pérez de Cúcuta. En ese desfile coincidieron víctimas del conflicto y firmantes de paz en una misma pasarela. Meses después, durante un conversatorio en la Feria del Libro de Cúcuta, Lina compartió públicamente su historia familiar y expresó su decisión de perdonar y apoyar el proceso de las mujeres, reconociendo en ellas el deseo de salir adelante.
Las faldas comenzaron a comercializarse a través de su tienda y despertaron el interés de otras diseñadoras. Ixora participó en desfiles en Tibú, Ocaña y Bogotá, y en 2022 llegó a Colombiamoda, consolidándose también en las ediciones de 2023 y 2024 como invitada especial.
No obstante, en enero del año pasado la violencia volvió a intensificarse en el Catatumbo. Se registraron desplazamientos, asesinatos de líderes y excombatientes, y múltiples familias tuvieron que abandonar sus hogares. El taller cerró. “Las mujeres no querían volver por miedo”, recuerda Katerine. En ese momento, la prioridad fue proteger la vida.
En medio de esa situación, Ixora recibió el registro oficial de marca por parte de la Superintendencia de Industria y Comercio. A pesar de ser un logro importante, decidieron no celebrarlo debido a la incertidumbre del contexto.
Actualmente, el proyecto atraviesa una pausa. Las máquinas permanecen en el antiguo ETCR de Caño Indio y una pequeña bodega guarda cerca de 30 faldas que no se han logrado vender. Las mujeres esperan condiciones seguras para trasladarse a un nuevo espacio en zona rural de Cúcuta, en el predio Oripaya.
A pesar de todo, el proceso continúa. Ixora inició recientemente un proyecto con la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN) para acompañar a otras mujeres en procesos de autocuidado y apoyo emocional. Es una nueva etapa que busca fortalecer no solo lo productivo, sino también el bienestar.
Katerine lo resume con serenidad: “Este proyecto es un sueño. Más allá de lo económico, significa mantener viva nuestra asociación y demostrar que podemos construir algo distinto”.
Mientras tanto, esperan el momento de retomar. En el Catatumbo, donde tantas historias se interrumpen, Ixora sigue siendo una apuesta por continuar. Como la flor que le da nombre, que florece incluso en las condiciones más difíciles.











