De la Espriella y Cepeda van por la Presidencia de la República

Diseños asistidos por IA
Compartir en redes sociales

Con el 99,87% de las mesas escrutadas, Abelardo de la Espriella lidera la jornada electoral con mas de 10.3 millones de votos, seguido de cerca por Iván Cepeda con cerca de 9,7 millones.

La jornada selló un contundente voto castigo al gobierno de Gustavo Petro y sepultó las estructuras de los partidos tradicionales, que representadas en Paloma Valencia no alcanzaron el 7 % de los sufragios.

Las urnas cerraron y el denso humo de la incertidumbre matemática comenzó a despejarse en las pantallas de la Registraduría Nacional. Tras una jornada electoral que movilizó a millones de ciudadanos bajo una atmósfera de máxima tensión política, el preconteo oficial de la primera vuelta ha dejado un veredicto definitivo e inapelable: Colombia ha decantado su futuro inmediato en dos modelos antagónicos, cerrando de un plumazo el espacio para las terceras vías y las fórmulas de la moderación.

Con el 99,87% de las mesas escrutadas, la tendencia se tornó irreversible, confirmando que habrá segunda vuelta. Al frente de la contienda se consolidó el abogado penalista Abelardo de la Espriella Otero, quien cabalgando sobre un encendido discurso de restauración institucional y orden férreo acumuló 10.346.010 votos (43,73 %), capitalizando en las urnas el descontento ciudadano. En el segundo lugar de la tarjeta se mantiene el senador Iván Cepeda Castro, abanderado del Pacto Histórico, quien alcanzó 9.680.548 sufragios (40,91 %), logrando sostener el núcleo duro del proyecto progresista para la cita definitiva.

La jornada estuvo marcada por el desplome de las maquinarias tradicionales (Liberal, Conservador, La U y Cambio Radical), cuya candidata oficial, Paloma Valencia, quedó rezagada en un lejano tercer lugar con apenas 1.637.690 votos (6,92 %), evidenciando una profunda fractura en las estructuras políticas históricas del país. La cita final para definir el inquilino de la Casa de Nariño para el periodo 2026-2030 será el próximo domingo 21 de junio.

Los grandes derrotados detrás de bambalinas

Mas allá de los nombres que quedan impresos en el tarjetón, la jornada de este domingo dejó dos damnificados políticos de un peso histórico inocultable, cuyos liderazgos sufrieron un fuerte voto de censura indirecto en las urnas.

El presidente Gustavo Petro Urrego: Aunque Iván Cepeda siempre encabezó con comodidad las encuestas de intención de voto a lo largo de la campaña, la recta final terminó convertida en un «tiro al pie» proveniente de la propia Casa de Nariño. La intervención directa del jefe de Estado en la contienda, sus encendidas manifestaciones públicas de los últimos días y decisiones altamente impopulares en las regiones —como la reactivación y el manejo de las tarifas de los peajes en el Eje Cafetero— terminaron por pasarle factura a su candidato. El electorado convirtió la jornada en un plebiscito sobre la gestión del Gobierno, desgastando el caudal de Cepeda y empujando a los indecisos hacia la propuesta de choque de de la Espriella.

El expresidente Álvaro Uribe Vélez: El resultado de hoy es un golpe directo a su capacidad tradicional de endoso. Uribe acompañó de manera decidida y hasta el último minuto la aspiración de Paloma Valencia. La estrepitosa caída de esa propuesta, que no logró cautivar ni el 7 % del electorado a pesar de contar con el respaldo de los partidos tradicionales, demuestra el desgaste del tradicional «guiño» uribista y abre un enorme interrogante sobre el futuro de las fuerzas de la derecha institucional.

De dónde vienen y quiénes son las dos caras de la segunda vuelta

Para entender la magnitud del pulso que se avecina en las próximas tres semanas, les entregamos la radiografía humana, académica y política de los dos hombres que tienen en sus manos las riendas del destino nacional:

Iván Cepeda Castro, el arquitecto del modelo progresista

Nacido en Bogotá en 1962, su vida quedó marcada desde el primer día por la militancia de sus padres. Es hijo de Yira Castro, una de las primeras mujeres periodistas de izquierda con visibilidad en el país, y de Manuel Cepeda Vargas, el emblemático líder del Partido Comunista Colombiano y la Unión Patriótica.

Su infancia y juventud transcurrieron bajo una atmósfera de constante zozobra política. El punto de quiebre definitivo de su vida ocurrió el 9 de agosto de 1994, cuando su padre, entonces senador de la República, fue asesinado en Bogotá en el marco del exterminio contra la UP. Este suceso transformó a Iván de un joven activista a un defensor orgánico de las víctimas de Estado

Tras el asesinato de su padre y debido a las recurrentes amenazas en su contra, Cepeda debió salir del país rumbo a Europa. Vivió un exilio prolongado que alternó entre Bulgaria y Francia, donde forjó su red de contactos internacionales en derechos humanos.

Durante su estancia en Sofía, Bulgaria, se graduó como filósofo en la Universidad de Sofía. Posteriormente, realizó estudios de posgrado en Suiza, obteniendo una maestría en Derechos Humanos de la Universidad de Lyon (Francia).

Su formación no es jurídica sino humanista; aborda la política desde la argumentación conceptual, la memoria histórica y la resolución de conflictos, lo que explica su tono pausado en los debates, alejado de la estridencia tradicional de las plazas públicas.

A su regreso a Colombia, fundó el Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice) y dirigió la Fundación Manuel Cepeda Vargas, convirtiéndose en el interlocutor civil más visible en las denuncias sobre parapolítica y despojo de tierras.

Dio el salto a la política electoral en 2010 como Representante a la Cámara por Bogotá bajo el sello del Polo Democrático Alternativo. En 2014 llegó al Senado, curul que mantuvo consecutivamente dentro de las coaliciones de izquierda hasta consolidarse como una de las mentes estrategas del Pacto Histórico.

Su mayor capital político radica en su papel como facilitador y negociador: fue una pieza clave en los acercamientos secretos y públicos para el Acuerdo de Paz de 2016 con las FARC en La Habana, y posteriormente se convirtió en el principal defensor y diseñador del enfoque legislativo de la «Paz Total» del gobierno actual en el Congreso.

Abelardo de la Espriella Otero, El litigante de la derecha radical

Nacido en Montería, Córdoba, en 1971, creció en el seno de una familia de tradición legal y ganadera del Caribe colombiano. Su padre, Abelardo de la Espriella, fue un reconocido abogado de la región que le inculcó desde temprano la pasión por los códigos penales y el debate público.

Desde su juventud en las sabanas de Córdoba, demostró un carácter histriónico y competitivo. Se crió en un entorno donde la autoridad y la defensa de la propiedad privada rural eran pilares fundamentales, lo que cimentó su cosmovisión de «mano dura» contra las insurgencias y la criminalidad.

Se trasladó a Bogotá para estudiar Derecho en la Universidad Santo Tomás, donde se graduó como abogado. Posteriormente, complementó su formación con especializaciones en Derecho Penal y Ciencias Criminológicas.

Su pensamiento está moldeado por la lógica del juicio oral y el litigio de alto impacto: ve la realidad en términos de culpabilidad, defensa de intereses y penalización drástica. Su discurso no busca el consenso académico, sino la contundencia de un alegato final ante un tribunal de opinión pública.

A diferencia de sus contendores, de la Espriella no tiene un recorrido tradicional en el sector público. Nunca ha ocupado un cargo de elección popular (Concejo, Congreso o Gobernación), lo que le permite presentarse como un outsider incontaminado por el clientelismo legislativo.

Fundó la firma De la Espriella Lawyers Enterprise, convirtiéndose en el penalista más mediático del siglo XXI en Colombia. Ha defendido a polémicos líderes políticos, empresarios, miembros de la Fuerza Pública y figuras del establecimiento en los casos judiciales más complejos del país, capitalizando esa exposición para saltar de las páginas judiciales a los editoriales de opinión y, finalmente, a la tarima presidencial bajo la plataforma «Defensores de la Patria».

Sigue leyendo