De no valer un peso a desafiar a las invencibles: la rebelión de Colombia en el mundial sub 20 de Polonia

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La selección Nacional enfrenta hoy a las 11:30 a.m. a Corea del Norte, en busca de su paso a la final del máximo torneo de la categoría

El fútbol suele tener una memoria mezquina, pero conviene recordar de dónde se viene para entender la magnitud de lo que se está viviendo

María Fernanda Viáfara, líder de lazada colombiana
Foto: FCF

Por SAMUEL SALAZAR NIETO

Hace apenas un par de meses, en los corrillos deportivos y en las tertulias del país, nadie apostaba un solo peso por la suerte de la Selección Colombia Femenina Sub-20 en la Copa del Mundo de Polonia

El panorama venía enrarecido y el ambiente no invitaba al optimismo. La clasificación en el Sudamericano de la categoría se había conseguido con el agua al cuello, raspando el cupo hasta el último aliento. Como si fuera poco, sobre la espalda del técnico Carlos Paniagua pesaba la sombra de un revés estrepitoso: haber quedado por fuera de la cita orbital con la Selección Sub-17 en el Sudamericano de Paraguay, un golpe durísimo para un proceso acostumbrado a subirse a los podios.

Pero los torneos cortos guardan misterios que solo el oficio y la sincronía saben descifrar. Esta vez la fortuna y la muñeca táctica acompañaron al timonel paisa. A Polonia logró llevar un ensamble casi providencial, reuniendo piezas que por lesiones, calendarios o vicisitudes administrativas jamás habían podido coincidir con regularidad en convocatorias anteriores. Nombres como el de Maithe López o Sintia Cabezas encajaron como engranajes de relojería, arropados por un fenómeno atípico para el balompié nacional a estas edades: una columna vertebral forjada en el rigor de las ligas de élite de Estados Unidos, Canadá, Francia y España.

Ese puñado de juveniles con roce internacional le cambió el pulso a la historia. Aquel onceno que partió en silencio hacia territorio europeo es hoy una de las cuatro mejores selecciones del planeta.

El camino no ha sido un paseo de rosas; ha sido una batalla de nervios de acero. Primero fue soportar la caldera del estadio de Bielsko-Biała en octavos, neutralizando a la anfitriona Polonia hasta que Mariana Silva sacó el latigazo salvador en el minuto 88 sostenida por las manos milagrosas de Luisa Agudelo. Luego vino el examen de madurez ante la potencia africana de Nigeria en cuartos: noventa minutos de fricción, dos opciones claras desperdiciadas y el temple para liquidar cuando el reloj expiraba y las Falconets se ahogaban con diez jugadoras tras la expulsión de su número diez.

El premio es inmenso: regresar a unas semifinales orbitales dieciséis años después de la gesta de Alemania 2010 —cuando una camada histórica liderada por Yoreli Rincón, Natalia Gaitán y Daniela Montoya abrió las puertas del mundo— y erigirse con orgullo como la única bandera suramericana con vida en el campeonato tras la caída de Brasil.

Ahora, en el horizonte de semifinales, asoma el monstruo: la República Popular Democrática de Corea. El planeta entero las observa como máquinas invencibles, una etiqueta reforzada por aquel 3-0 inapelable que le endosaron a la ‘Tricolor’ en la fase de grupos. Sin embargo, en el fútbol los contextos pesan tanto como las estadísticas. Aquel día, con el boleto en el bolsillo, ese traspié y el posterior tercer lugar en el Grupo E terminaron convertidos en una bendición táctica: permitieron esquivar en octavos a España —vigente campeona europea y la única señalada en el papel para plantarle cara al poderío asiático— y abrir una ruta más accesible en las llaves directas.

El reto de hoy, programado para las 11:30 a.m. (hora colombiana), demandará una dosis extra de heroísmo en la pizarra. Colombia saltará al gramado con dos bajas sensibles en su andamiaje titular: Juana Ortegón, el motor y termómetro del mediocampo, y Sintia Cabezas, pieza clave por la banda, quienes deberán pagar fecha de sanción tras acumular tarjetas amarillas en la batalla frente a las nigerianas.

Atrás quedaron las especulaciones y los cálculos fríos. En el fútbol no hay gigantes invulnerables para un grupo que ya aprendió a ganarle la partida a la adversidad. Las chicas están motivadas, la ilusión desborda la concentración y el apetito por seguir haciendo historia está intacto. Se vale soñar: Colombia no tiene nada que perder y un mundo entero por ganar.

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