La Fiscalía General de la Nación y la Sociedad de Activos Especiales, SAE, ejecutaron el pasado viernes 22 de marzo de 2024 el desalojo definitivo de la vivienda ubicada en la carrera 38 # 18 – 70 del exclusivo sector El Poblado en Medellín, que durante años funcionó como museo no oficial de Pablo Escobar. El procedimiento, que se concretó en su tercer intento, fue posible luego de que fueran negadas todas las tutelas interpuestas por Roberto Escobar Gaviria, alias El Osito, hermano del extinto capo, quien administraba el inmueble. La propiedad, avaluada en 12.000 millones de pesos, poco más de tres millones de dólares, quedó finalmente bajo extinción de dominio, y será la SAE la encargada de definir un proyecto de resignificación para el lugar.
La decisión judicial se fundamentó en las pruebas que demuestran cómo Roberto Escobar asumió el control del inmueble de forma fraudulenta, a través de un entramado de testaferros que se remonta al 30 de abril de 1993, cuando en plena guerra del capo contra el Estado y apenas diez meses después de su fuga de la Catedral, Pablo Escobar ordenó la compra de la casa. En ese entonces, el predio fue puesto a nombre de Hernando Del Río Duque, y posteriormente transferido a Gloria Restrepo de Velásquez, una trabajadora de la familia. Más adelante, tras un embargo y una compraventa por más de 1.000 millones de pesos, la propiedad quedó registrada a nombre de Gilma Aidee Urdinola Ospina, quien figura como la última propietaria y es esposa de un hijastro de Roberto Escobar, además de ser medio hermana de Iván Urdinola Grajales, alias El Enano, fundador del cartel del Norte del Valle.
Un discurso desvirtuado por los registros
Durante el proceso judicial, Roberto Escobar Gaviria argumentó que no tenía otro lugar donde vivir, que padecía varias discapacidades y que la casa funcionaba como refugio para perros abandonados. Sin embargo, la información suministrada por la Superintendencia de Notariado y Registro reveló que el hermano del capo posee al menos ocho inmuebles registrados a su nombre, lo que desmontó su argumento de desamparo. Además, las autoridades comprobaron que los canes que supuestamente eran rescatados en realidad eran perros de raza utilizados en competencias. La esposa de Roberto Escobar, Claudia Patricia Escárraga, exreina de belleza, era quien promocionaba activamente el museo entre los turistas, ofreciendo recorridos por la vivienda que aún conservaba objetos del capo.
La casa, que se había convertido en uno de los dos museos no oficiales de Pablo Escobar en Medellín, fue adquirida mientras el narcotraficante libraba su guerra final contra el Estado colombiano. Pablo Escobar murió en diciembre de 1993, y aunque muchas de sus propiedades fueron sometidas a extinción de dominio, algunas quedaron en manos de familiares y testaferros. Este desalojo deja en evidencia que las autoridades continúan investigando otros inmuebles que aún estarían a nombre de familiares cercanos al capo, en un esfuerzo por recuperar los bienes que provinieron del cartel de Medellín.










