En un golpe contundente contra el tráfico de explosivos, la Policía Nacional, a través de la Dirección de Investigación Criminal (Dijín) y en coordinación con la Fiscalía General de la Nación, desarticuló la red conocida como Orión, señalada de abastecer de material explosivo a grupos armados organizados y estructuras terroristas que operan en varias regiones del país. El megaoperativo, ejecutado simultáneamente en Antioquia y Cundinamarca, dejó seis capturas y la incautación de un importante arsenal, afectando directamente una línea de suministro que alimentaba a organizaciones como el ELN, disidencias de las Farc y el Clan del Golfo.
Los allanamientos se realizaron en los municipios de Medellín y Sonsón, en Antioquia, así como en Lenguazaque, Guachetá, Ubaté y Pacho, en Cundinamarca. Entre los detenidos se encuentran Mauricio Cuervo, alias Mauro, señalado como el presunto cabecilla de la red, junto a Edwin Porras (alias Simón), Jonathan Molina, Diego Avilés, Eduardo Cortés (alias Chivito) y José Arévalo (alias Paisa o Paisita). Todos serán presentados ante un juez de control de garantías, donde la Fiscalía les imputará los delitos de fabricación, tráfico y porte de armas, municiones de uso restringido, de uso privativo de las Fuerzas Armadas o explosivos, y concierto para delinquir.
Un entramado internacional de tráfico de explosivos
La investigación reveló que la red Orión obtenía los explosivos y precursores químicos en países como Bolivia, Chile, Perú y Ecuador. El material ingresaba clandestinamente por Ipiales, en el departamento de Nariño, y desde allí se distribuía hacia Antioquia, Arauca, Cundinamarca y Boyacá. Para evadir los controles, los integrantes de la organización camuflaban los explosivos entre bultos de fertilizantes agrícolas y los enviaban a través de empresas de mensajería intermunicipal, exponiendo al personal de estas compañías y a los usuarios de los servicios a un grave riesgo. Además, lograban desviar materiales obtenidos de manera formal presentando documentación falsa a empresas legalmente autorizadas para la comercialización de estos insumos.
Las autoridades establecieron que la red movía ganancias estimadas en 1.830 millones de pesos anuales, con un margen de rentabilidad cercano al 200%. Cada detonador, que en el exterior costaba alrededor de 20.000 pesos, era vendido en Colombia hasta por el doble de ese valor. Durante el operativo se incautaron 17.000 detonadores de origen boliviano, 100 kilogramos de clorato de potasio, una escopeta calibre 16, un arma traumática con seis cartuchos, seis cartuchos de diferentes calibres, nueve teléfonos celulares y 7.200.000 pesos en efectivo.
Antecedentes y afectación a la cadena criminal
Este golpe se suma a una investigación previa adelantada por el Grupo de Investigación de Antiterrorismo (Grate) de la Dijín, que en mayo pasado había logrado la captura de alias el Viejo, señalado como enlace clave para la compra y distribución de armas y explosivos. En esa primera fase se realizaron ocho capturas y se incautaron más de 6,7 toneladas de explosivos e insumos, entre los que se contaban nitrato de amonio, anfo, 22.100 detonadores, 1.505 barras de indugel y más de 4.000 metros de cordón detonante y mecha de seguridad. La desarticulación de la red Orión representa un duro revés para las estructuras armadas, que veían en este canal una fuente constante de material para atentar contra la fuerza pública, la infraestructura crítica y para actividades de minería ilegal. Las autoridades continúan las investigaciones para determinar el alcance total de la red y posibles nuevos vínculos.










