La periodista venezolana Raily Igualguana, de 27 años y residente en Bogotá desde hace más de cuatro años, busca desesperadamente a tres de sus familiares que permanecen desaparecidos tras los devastadores terremotos que sacudieron Venezuela el miércoles 24 de junio, día feriado por la Batalla de Carabobo. Su primo Ramón Ortega, de 40 años; su esposa Naikarina Muñoz, también de 40; y el hijo de ambos, Mathias Ortega Muñoz, de 8 años, se encontraban en las Residencias Country Mar, ubicadas en el sector Tanaguarena del municipio Caraballeda, en el estado La Guaira, cuando ocurrió el doblete sísmico de magnitudes 7,2 y 7,5, con apenas 39 segundos de diferencia. Además de la angustia por sus seres queridos, la familia de Raily perdió por completo su apartamento en las Residencias Caribe, situado detrás de la playa Los Cocos, también en La Guaira, un lugar que ella describe como especialmente significativo para todos.
Raily había viajado a Venezuela el 30 de mayo para celebrar su cumpleaños número 27 junto a sus padres, algo que no lograba hacer desde que migró a Colombia. Regresó a Bogotá el 16 de junio, apenas ocho días antes de la tragedia. El día de los terremotos, la periodista estuvo incomunicada porque su cargador de celular se dañó y solo había podido avisar a su madre por WhatsApp Web. Al encender el teléfono, lo primero que vio fue el mensaje de un amigo enfermero que vive cerca de sus padres, informándole que había temblado fuerte y que el apartamento donde él estaba había quedado prácticamente destruido, aunque sus padres estaban bien. “Al principio pensé que había sido un temblor fuerte, pero no imaginaba la magnitud de lo que estaba ocurriendo”, relata Raily. Su padre la llamó para confirmar que estaban a salvo, reunidos con vecinos en las escaleras debido a las constantes réplicas, pero su tono de voz, inusualmente afectado, le hizo comprender la gravedad de la situación. Al sintonizar los canales venezolanos, encontró que no estaban informando sobre la catástrofe: pasaban películas y programas repetidos, mientras que la información que logró obtener provenía principalmente de medios internacionales. Fue entonces cuando empezó a dimensionar realmente la tragedia.
La búsqueda de los desaparecidos y el colapso del edificio familiar
Los tres familiares desaparecidos estaban en las Residencias Country Mar participando en las festividades de San Juan y tenían previsto regresar a Caracas esa misma noche. La familia encontró la camioneta del primo cubierta de escombros, y el edificio quedó “hecho polvo”, según relataron a Raily. Su tío, padre de Ramón, se bajó del carro y dijo que no se iría sin encontrar a su hijo, pasando toda la noche buscándolo entre los restos. “Yo, desde Bogotá, solo podía seguir moviendo contactos, llamando amigos y tratando de conseguir ayuda”, cuenta la periodista. Hasta el momento del artículo, las autoridades reportaban 920 personas fallecidas y más de 3.360 heridas, mientras que en La Guaira se contabilizaban más de 50 edificios colapsados, según información que Raily ha recopilado. Las labores de rescate en Tanaguarena carecían de maquinaria pesada, por lo que los mismos ciudadanos se organizaron con herramientas básicas como palas y picos. La periodista destaca que llegó ayuda internacional, pero se necesita mucha más maquinaria, cascos, palas, picos y personal de salud para poder encontrar a quienes siguen desaparecidos. “Mi familia nos contó que las imágenes eran completamente devastadoras. Había muertos en las calles y el olor a muerto que emanaba La Guaira era muy fuerte. Intentaron hacer todo lo posible, pero sin maquinaria pesada era imposible mover los escombros. Hasta ese momento no había llegado la ayuda necesaria para trabajar en esa zona”, recuerda Raily.
“No sabemos si mis primos siguen con vida. Tampoco sabemos qué pasó con muchos vecinos. Hay un silencio absoluto. Las personas que al principio lograban hablar con sus familiares dejaron de responder y nosotros seguimos esperando cualquier noticia”.
Raily Igualguana, periodista venezolana
La periodista mantiene la esperanza de que sus familiares, si no quedaron bajo los escombros, hayan logrado llegar a Naiguatá, una zona que permanece incomunicada. Mientras tanto, desde Bogotá, ha organizado una campaña de donaciones desde la empresa donde trabaja, enfocada en recolectar insumos, especialmente ropa para bebés y niños, y gestionar camiones para transportar la ayuda que llega de distintas partes. Sin embargo, ninguna organización colombiana la ha contactado para apoyar. “Estos días han sido muy duros. Han sido noches sin dormir y con un sentimiento permanente de culpa por no estar allá. Uno piensa qué habría podido hacer o cómo podría ayudar. Aun así, seguimos con la fe intacta. Creemos que todavía hay personas con vida y por eso no podemos dejar de buscarlas”, afirma conmovida. Además, se difunde un cartel de búsqueda con fotografías de los desaparecidos y el número de contacto de Diana de Muñoz: +58 414 206 7415, para cualquier información que pueda ayudar a localizarlos.
Raily, quien también posee nacionalidad colombiana por parte de su abuelo nacido en Salazar de Las Palmas, Norte de Santander, migró a Bogotá buscando metas de independencia y crecimiento profesional que en Venezuela ya no podía alcanzar. Desde entonces ha vivido en cinco viviendas distintas y ha trabajado en varios empleos. La tragedia también golpeó a su familia cercana: sus padres, residentes en Caracas, tienen otros familiares en Maracaibo y el estado Cojedes. El apartamento que perdieron en La Guaira era un lugar de encuentro familiar, especialmente para bajar a la playa. El padre de Raily había planeado viajar ese mismo día para hacer remodelaciones, pero decidió no hacerlo, una decisión que ella agradece profundamente. “Gracias a Dios ese día no fue. Agradezco que haya tomado esa decisión y que mi familia cercana esté con vida. Sin embargo, los daños materiales también duelen. En Venezuela conseguir un apartamento, un carro o cualquier patrimonio implica años de esfuerzo y sacrificio”, reflexiona la periodista, mientras continúa, desde la distancia, su lucha por encontrar a sus primos y al pequeño Mathias, aferrada a la fe y a la solidaridad de quienes se organizan entre los escombros.












