Un informe de Bancolombia encendió las alarmas fiscales en Colombia al proyectar que el déficit del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (Fepc) podría alcanzar los 14 billones de pesos en 2026, una cifra que duplica los 6 billones previstos por el Ministerio de Hacienda en el Marco Fiscal de Mediano Plazo (MFMP), si el Gobierno nacional no implementa nuevos ajustes en los precios internos de la gasolina y, sobre todo, del diésel (Acpm).
La advertencia del banco se sustenta en un escenario base que proyecta un barril de petróleo Brent a 81 dólares y una tasa de cambio de 3.615 pesos por dólar. La brecha entre los precios internos, con un promedio nacional de la gasolina corriente en 15.848 pesos por galón, y las referencias internacionales, presionadas al alza por las tensiones geopolíticas en Medio Oriente que amenazan la oferta mundial, genera un subsidio implícito que recae directamente sobre las finanzas del Estado. El histórico de desfases es contundente: entre 2021 y 2023, el déficit acumulado del Fepc llegó a los 36,7 billones de pesos, una muestra de la recurrencia de este problema estructural.
Un ajuste gradual como hoja de ruta
Para evitar un nuevo descuadre fiscal, Bancolombia propone una hoja de ruta basada en la gradualidad y la previsibilidad. La entidad financiera sugiere aplicar un incremento mensual de 500 pesos por galón en la gasolina a partir del mes de agosto, una medida que, según sus cálculos, permitiría reducir el déficit en aproximadamente 2 billones de pesos. El planteamiento busca alejarse de la discrecionalidad y avanzar hacia un mecanismo más automático de convergencia de precios, impidiendo que se repitan déficits de gran magnitud.
«La disyuntiva no consiste en evitar el costo económico del ajuste, sino en definir el canal más deseable para absorber el choque: mediante mayores precios al consumidor o mayores presiones sobre las finanzas públicas»
Bancolombia, en su informe de proyecciones económicas
El dilema es claro. Mientras que el Acpm se consolida como el principal factor de presión fiscal, desplazando a la gasolina como el origen del desbalance, cualquier decisión de ajuste tiene consecuencias directas sobre la inflación. Los estudios del banco indican que cada alza de 100 pesos por galón en la gasolina tiene un efecto de 0,02 puntos porcentuales en la inflación mensual y de 0,10 puntos porcentuales en el componente de precios regulados del Índice de Precios al Consumidor (IPC). Este impacto no es menor, si se considera que los combustibles representan el 2,91% de la canasta total y el 16,77% del grupo de precios regulados.
La propuesta de Bancolombia implica que el ajuste no se concentre únicamente en la gasolina, sino que aborde también el subsidio al diésel, cuyo bajo precio distorsiona los costos logísticos y termina repercutiendo en el precio de los alimentos y otros servicios. Aplazar la decisión, advierte la entidad, no elimina el costo; simplemente lo traslada de los bolsillos de los consumidores a las cuentas fiscales, agravando el déficit y comprometiendo la sostenibilidad de las finanzas públicas en el mediano plazo.












