El periodista Mateo Pérez Rueda, de 25 años y director del medio El Confidente, fue asesinado por el Frente 36 de las disidencias de las Farc, comandado por Alexander Díaz Mendoza, alias Calarcá, tras su desaparición el pasado 5 de mayo en la zona rural de Briceño, Antioquia. Pérez, quien también era estudiante de Ciencias Políticas, fue interceptado por hombres armados que lo obligaron a acompañarlos mientras realizaba labores informativas en un área de disputa entre el Clan del Golfo y este frente disidente. Su familia, integrada por su madre Gloria Rueda, docente cercana a la jubilación; su padre Carlos Pérez; y su hermano Julián Pérez, abogado del Consejo Nacional Electoral, lanzó llamados públicos desesperados a las autoridades de Briceño, Yarumal, la Gobernación de Antioquia, la Presidencia de la República, organismos internacionales, la Cruz Roja y la Defensoría del Pueblo para encontrarlo con vida.
El cuerpo de Mateo Pérez fue hallado y recuperado tarde del 8 de mayo por una comisión humanitaria conformada por el Comité Internacional de la Cruz Roja y la Defensoría del Pueblo en las veredas Palmichal, Travesías y El Hoyo, donde también se encontraron sus pertenencias como celular, llaves y motocicleta. Las autoridades locales advirtieron sobre la compleja situación de orden público en la zona, lo que retrasó las labores de búsqueda, mientras la familia insistía en su origen noble y trabajadora de Yarumal, llena de amor por su hijo menor.
Desesperados clamores de la familia
En medio de la angustia, Gloria Rueda, madre del periodista, suplicó públicamente por ayuda en un video que conmovió a la opinión pública.
“Este es Mateo, nuestro hijo, necesitamos con urgencia a nuestro hijo Mateo. Pedimos a los órganos administrativos de Briceño, de Yarumal, a la Gobernación de Antioquia, a la Presidencia de la República, a los organismos internacionales, a la Cruz Roja y a la Defensoría del Pueblo que, por favor, nos ayuden. No nos dejen solos. Mateo salió de nuestra casa desde el día lunes y aún no tenemos ninguna noticia de él. Necesitamos recuperarlo”
Gloria Rueda, madre de Mateo Pérez
Su padre, Carlos Pérez, expresó la creciente desesperación con palabras que reflejaban el agotamiento emocional.
“Las esperanzas se me están agotando”
Carlos Pérez, padre de Mateo Pérez
Julián Pérez, hermano del periodista, denunció la inacción de las autoridades y las versiones contradictorias sobre el paradero de su hermano, en una zona donde el temor impera por el conflicto armado.
“Las autoridades de la zona lo único que nos dicen es que la situación de orden público es muy compleja en la zona, que les da miedo dirigirse hacia donde está el cuerpo. No nos ayudan, ellos simplemente están esperando como que todo pase o no sé qué, pero no, que no se han dado ninguna respuesta efectiva”
Julián Pérez, hermano de Mateo Pérez
“Pues, hay varias versiones, hay unas personas que dicen que en la vereda Palmichal, otras dicen que se lo llevaron de ahí hacia la vereda de El Hoyo, pero no sabemos si la verdad es sí es cierta, porque es un desaparecimiento (sic)”
Julián Pérez, hermano de Mateo Pérez
El periodismo valiente de Mateo Pérez
Mateo Pérez Rueda ganaba reconocimiento en redes sociales por sus reportajes sobre orden público, corrupción, economías ilícitas y la presencia de grupos armados en municipios como Yarumal, Briceño, Valdivia e Ituango. La Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) había advertido previamente sobre presiones legales en su contra, incluyendo tutelas y citaciones a conciliación, derivadas de sus investigaciones incisivas en zonas de alto riesgo. Andrés Julián Rendón, gobernador de Antioquia, describió a la familia de Yarumal como noble, trabajadora y llena de amor por su hijo menor, destacando su insistencia en las búsquedas pese a los peligros.
El presunto asesinato con tortura de este joven comunicador subraya la vulnerabilidad de los periodistas en regiones controladas por disidencias como el Frente 36, donde el vacío institucional agrava las amenazas contra la prensa libre. La recuperación de su cuerpo por la Cruz Roja y la Defensoría del Pueblo cierra un capítulo trágico, pero abre interrogantes sobre la impunidad y la protección a la información en Antioquia.











