En Ibagué, Tolima, el viernes 13 de marzo, el domiciliario Fabián Gerardo Hernández se apropió de un dron DJI, un disco duro y varias memorias durante la entrega de una encomienda enviada desde la Gobernación del Tolima a un creador de contenido, utilizando su motocicleta AKT 125 con placas MTW-70F para el reparto a través de aplicaciones como Uber y Didi. Sin embargo, Hernández terminó devolviendo el dron tras ser identificado por videos que el dispositivo almacenó automáticamente en la nube al ser usado por él y sus familiares, lo que permitió ubicarlo en su residencia y en una calle de la ciudad y vincularlo directamente con el hurto.
La denuncia se viralizó en redes sociales, generando una presión pública que aceleró la recuperación del equipo principal, aunque el disco duro y las memorias siguen sin aparecer. Los videos capturaron la manipulación del dron por parte del domiciliario, revelando su identidad y facilitando que la víctima lo confrontara, en un caso que resalta cómo la tecnología puede volverse aliada contra los robos en entregas.
Presión viral y lección aprendida
La víctima, un creador de contenido, recibió una llamada del propio Hernández, quien se presentó para entregar el dron y solicitó que cesaran las publicaciones en redes sociales, argumentando que había aprendido la lección y no repetiría la conducta. Este incidente pone en evidencia los riesgos inherentes a los servicios de mensajería de aplicaciones como Uber y Didi, donde la ausencia de garantías contractuales sólidas deja vulnerables a los usuarios ante posibles apropiaciones indebidas durante los repartos.
“El llamó para entregar el dron y pidió que por favor no lo boletearamos más en redes sociales, que ya había aprendido la lección y no lo volvería a realizar”
Víctima, creador de contenido
El creador de contenido enfatizó su intención de prevenir nuevos casos similares, subrayando la importancia de la vigilancia ciudadana y la tecnología en la recuperación de bienes robados, en un contexto donde los hurtos en entregas a domicilio se han convertido en una preocupación creciente en ciudades como Ibagué.












