Dos nuevos feminicidios sacuden a Colombia en menos de un mes, dejando al descubierto la persistente violencia de género que azota al país. En Armenia, Quindío, el cuerpo de Isabel Cristina Trujillo Candamil, de 41 años, fue hallado sin vida al interior de un motel en el sur de la ciudad, con múltiples heridas causadas por arma cortopunzante. El hallazgo ocurrió alrededor de las 11:30 de la mañana del domingo 2 de agosto de 2026, cuando empleados del establecimiento encontraron a la víctima en una de las habitaciones. Horas antes, en la madrugada, la mujer había ingresado al lugar en compañía de un hombre que posteriormente abandonó el motel, según reportaron las autoridades locales. Horas después del hallazgo, Jhon Alexander Arias Ossa se presentó voluntariamente ante las autoridades y se entregó como presunto responsable del crimen, quedando a disposición de la Fiscalía para las audiencias preliminares que definirán su situación jurídica.
El caso de Armenia ha generado una profunda conmoción entre los habitantes del barrio Los Quioscos, donde residía la víctima. Familiares y amigos convocaron a una velatón para el martes 4 de agosto a las 8 de la noche en la cancha del sector, como un acto simbólico de rechazo a la violencia feminicida. La Seccional de Investigación Criminal avanza en la recopilación de pruebas, incluyendo el análisis de las cámaras de seguridad del motel y los testimonios de empleados, para determinar si existieron otros elementos o personas vinculadas al crimen. La salida temprana del presunto agresor del establecimiento, varias horas antes de que se reportara el homicidio, es uno de los focos principales de la investigación.
En el municipio de Soacha, Cundinamarca, otro feminicidio estremeció a la opinión pública el 12 de julio de 2026. Rosa Mayerly Olaya Coronado, empleada de un Homecenter, fue asesinada con un cuchillo en el interior del establecimiento comercial por un hombre que la acosaba de manera persistente. El agresor, identificado como Óscar Giovanny Marulanda, de 45 años, no tenía ningún vínculo laboral con la empresa, mientras que la víctima sí hacía parte del personal. Según las imágenes de las cámaras de seguridad, el hombre se acercó a la mujer y la atacó sin mediar palabra, causándole heridas de tal gravedad que falleció antes de que pudiera recibir atención médica.
Las autoridades confirmaron que no existía ninguna relación sentimental previa entre la víctima y el agresor. Marulanda conoció a Rosa Mayerly en el lugar de trabajo en febrero de 2026, y desde entonces la acosaba con insistencia. La víctima había solicitado acompañamiento policial en al menos dos ocasiones para protegerse de las constantes hostilidades, pero la violencia escaló hasta el feminicidio. Además, el agresor también buscó a familiares de la mujer para intimidarlos, lo que demuestra un patrón de acoso sistemático. Tras el ataque, trabajadores y clientes del Homecenter lograron retener a Marulanda hasta la llegada de la Policía, que lo capturó en flagrancia.
El Homecenter activó sus protocolos de emergencia tras el crimen, ofreciendo apoyo psicológico y social tanto a los familiares de la víctima como a los colegas que presenciaron el ataque. La Alcaldía de Soacha, por su parte, anunció acompañamiento integral para la familia y un seguimiento judicial al caso, al tiempo que rechazó las versiones iniciales que sugerían una relación sentimental entre la víctima y el agresor, desmintiendo cualquier justificación al feminicidio. La compañía colaboró plenamente con las autoridades en la investigación, entregando las grabaciones de las cámaras de seguridad y facilitando los testimonios de los empleados.
Estos dos casos se suman a las alarmantes cifras de violencia de género en Colombia, donde los feminicidios continúan siendo una de las manifestaciones más crueles de la desigualdad y la discriminación. Mientras las autoridades judiciales avanzan en los procesos de investigación, la sociedad exige respuestas contundentes y medidas de prevención efectivas para que hechos como estos no se repitan. La velatón en Armenia y el acompañamiento en Soacha son apenas el reflejo del dolor y la indignación de comunidades que claman justicia y un cese definitivo a la violencia contra las mujeres.










