El próximo presidente de Colombia recibirá una economía con múltiples desafíos estructurales: inflación aún elevada, crecimiento bajo, un déficit fiscal en su peor momento y más del 55% de informalidad laboral, según coinciden analistas consultados por La Veintitrés Manizales. Al cierre del gobierno de Gustavo Petro, que termina en agosto de 2026, los indicadores muestran una radiografía mixta: aunque la inflación y el desempleo han mejorado respecto a 2022, persisten problemas profundos que el nuevo mandatario deberá enfrentar desde el primer día.
El Dane reportó que la inflación a mayo de 2026 se ubicó en 5,84%, una reducción significativa frente al 10,84% registrado en agosto de 2022, cuando Petro asumió la presidencia. Sin embargo, la meta del Banco de la República del 3% sigue lejana, y los expertos prevén que el año cierre entre el 6% y el 7%. Juan Alberto Londoño, exviceministro de Hacienda, señaló que “la inflación en el país va a terminar en un 6% alto, casi llegando al 7%”. Por su parte, Henry Amorocho, profesor de Hacienda y Presupuesto de la Universidad del Rosario, precisó que esa cifra “está por encima del 3% o 4% que planteó el Banco de la República para todo el año 2026”.
Desempleo e informalidad: dos caras de la misma moneda
La tasa de desempleo se sitúa en 8,8%, uno de los niveles más bajos en décadas. No obstante, los analistas advierten que esta mejora es engañosa, pues más del 55% de los ocupados se encuentran en la informalidad. Londoño explicó que “la gran mayoría de esa disminución se da por el autoempleo, los informales. Y eso no es bueno”. Santiago Espinosa González, profesor de la Universidad de La Sabana, agregó que la baja del desempleo “se debe en gran parte al rol del Estado como empleador”, y advirtió que “dependiendo de quién sea el que llegue a la Casa de Nariño, esto puede cambiar radicalmente”. Henry Amorocho proyecta que, sin políticas activas de formalización, el desempleo podría repuntar hasta 9,2% a finales de 2026.
El crecimiento económico también muestra signos de desaceleración. Durante el primer trimestre de 2026, el PIB creció 2,2%, muy por debajo del 8,6% registrado en 2022. El promedio de crecimiento durante todo el gobierno Petro se ubica por debajo de 1,7%, y las proyecciones anuales para 2026 oscilan entre 2,2% y 2,3%. Espinosa González subrayó que la mayor parte del impulso reciente proviene del empleo público, lo que genera dudas sobre su sostenibilidad.
“El déficit fiscal hoy se encuentra en prácticamente el peor punto de todo este ciclo”
Santiago Espinosa González, profesor de la Universidad de La Sabana
La presión fiscal es otro de los grandes dolores de cabeza. El recaudo tributario ha sido insuficiente, obligando a recortes en el Presupuesto General de la Nación. La tasa de interés del Banco de la República se mantiene en 11,25%, y los expertos no descartan que suba hasta 12% o 12,5% a finales de año, lo que restringe el crédito y afecta sectores como la construcción. El dólar cerró en $3.440,02 el 17 de junio de 2026, aunque se proyecta que podría subir hasta un rango de $3.600 a $3.750 al cierre del año, después de haber superado los $5.000 en algún momento del gobierno Petro.
Frente a este panorama, los analistas coinciden en que se requiere una reforma tributaria estructural, seguridad jurídica para inversionistas, reducción del gasto público y reactivación de sectores como la construcción y el extractivo. Londoño propuso bajar tarifas a ciertas empresas, ampliar la base gravable y eliminar exenciones inefectivas, mientras que Amorocho insistió en la lucha contra la evasión y el contrabando, así como en la racionalización del gasto. Espinosa González resumió el reto del próximo gobierno: “Le tocará ajustar el déficit fiscal y buscar un crecimiento más sostenible, apoyándose menos en el gasto público y más en la inversión y la productividad del sector privado”.












