Los economistas Leonardo Urrea, profesor de la Universidad Nacional y estudiante de doctorado en la Universidad de Pittsburgh, y Christian Gómez Cañón, egresado de la Universidad de los Andes, han destapado en una columna de opinión un grave error metodológico en el debate sobre el salario mínimo para 2026 en Colombia. Señalan que se está comparando incorrectamente la productividad por hora trabajada con el salario mensual por trabajador, lo que distorsiona por completo las conclusiones sobre el ajuste salarial. Este señalamiento surge en medio de la suspensión temporal del decreto del gobierno Petro que proponía un aumento del 23,7% al salario mínimo, elevándolo a dos millones de pesos como concepto de «salario vital», una medida que impactaría directamente a más de 2,4 millones de trabajadores en el país.
El debate se centra en la fórmula vigente para fijar el salario mínimo, establecida por la Ley 278 de 1996 y la Sentencia C-815 de 1999, que combina la inflación con la Productividad Total de los Factores (PTF), basada en el modelo Solow, para preservar el poder adquisitivo. Sin embargo, algunos proponen cambiarla por la productividad laboral, medida como PIB dividido por número de trabajadores o horas trabajadas. Los economistas argumentan que esta alternativa ignora problemas clave, como que la productividad laboral no distingue entre aportes de inversión y tecnología versus eficiencia de los trabajadores, genera distorsiones sectoriales —por ejemplo, en minería e hidrocarburos que aportan entre el 4% y 6,5% del PIB en la última década con 160.000 empleos directos— y presenta paradojas cíclicas, como en 2020 cuando las horas trabajadas cayeron más que el PIB. Además, destacan la alta informalidad laboral reportada por el Dane para 2025, que alcanza el 55% de la población ocupada y el 80% en áreas rurales, en un mercado laboral total superior a los 23 millones de personas.
Un error de unidades que cambia todo
Según datos de la OCDE, la productividad por hora ha duplicado entre 1995 y 2024, pasando de alrededor de 200 a cerca de 240 en 2020, pero esto no es directamente comparable con el salario por trabajador al mes. De hecho, entre 1994 y 2024, el salario mínimo real ha crecido entre un 15% y 19% por encima de la productividad por trabajador, que solo subió un 40%. La PTF, en cambio, refleja mejor la distribución del ingreso entre capital y trabajo, no solo la eficiencia laboral. Economistas como Daniel Ossa proponen la productividad laboral, mientras José David Pulido defiende comparaciones válidas por trabajador al mes, pero Urrea y Gómez Cañón insisten en que los indicadores de la OCDE son para diagnósticos macroeconómicos, no para fijar salarios.
«El problema de fondo no es ideológico, es metodológico».
Leonardo Urrea y Christian Gómez Cañón, economistas
«Si una empresa produce más gracias a una nueva máquina, el indicador atribuye ese aumento a los trabajadores».
Leonardo Urrea y Christian Gómez Cañón, economistas
Los autores cuestionan la lógica detrás de ligar salarios a choques externos: «¿Tiene sentido que el salario mínimo de un mesero, una profesora o una empleada doméstica se determine con base en un choque de precios internacionales que no tiene nada que ver con su trabajo?». Rematan que «el argumento de que existe una brecha creciente entre productividad y salarios se basa en comparar magnitudes que no son comparables. La unidad de medida importa y, en este caso, cambiarla transforma por completo la conclusión». Esta corrección llega en un momento clave, ya que la suspensión del decreto reaviva el debate y podría redefinir el ajuste salarial para millones de colombianos, priorizando criterios legales y metodológicamente sólidos sobre interpretaciones sesgadas.















