El gobierno ecuatoriano ha incrementado en más de 900% la tarifa del Sistema de Oleoducto Transecuatoriano (Sote), pasando de tres dólares a 30 dólares por barril para el transporte de crudo colombiano, una medida que según un informe del centro de estudios económicos Anif afecta directamente la producción petrolera en el departamento de Putumayo y el sur de Colombia. Esta vía es la principal para evacuar el petróleo de esa región, donde la economía depende en gran medida de la actividad petrolera y los servicios asociados.
La tensión bilateral entre Colombia y Ecuador se intensificó el 21 de enero, cuando Quito impuso un arancel del 30% a las importaciones colombianas, lo que llevó a Bogotá a responder con un gravamen equivalente y la suspensión temporal de las exportaciones de energía eléctrica. Estas medidas se mantienen vigentes pese a las conversaciones diplomáticas, y ahora el aumento tarifario agrava la disputa comercial en un momento clave para el sector petrolero estratégico.
Impacto económico en Putumayo y la cadena productiva
El alza reduce drásticamente los márgenes de rentabilidad de los campos petroleros en Putumayo, poniendo en riesgo el empleo, las empresas de servicios, los contratistas y toda la cadena productiva asociada. Esta zona, junto con Nariño, enfrenta una vulnerabilidad económica agravada por los altos niveles de cultivos de coca: en 2023, Colombia registró 252.575 hectáreas en total, de las cuales Putumayo aportó 50.343 y Nariño 64.990, equivalentes al 46% del total nacional.
En el contexto de la balanza comercial, Colombia mantiene un superávit frente a Ecuador de 921 millones de dólares FOB al corte de noviembre de 2025, superando los 800 millones en varios años entre 2016 y 2025. Ecuador representa el séptimo destino de las exportaciones colombianas y el tercero para las ventas no minero-energéticas, mientras que Bogotá ha cubierto hasta el 8% de la demanda eléctrica de su vecino en épocas de sequía, destacando la interdependencia energética en el marco de la Comunidad Andina y la infraestructura compartida.
El incremento en el Sote no solo complica la evacuación del crudo del sur colombiano, sino que resalta las tensiones en una relación estratégica que podría requerir una resolución diplomática urgente para mitigar los efectos en ambas economías.










