El 10,4% de los adolescentes colombianos presenta indicios de trastornos emocionales

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La psicóloga Jennifer Avellaneda, especialista en salud ocupacional, lanzó una alerta sobre la crisis de salud mental que enfrentan los adolescentes colombianos, en una entrevista publicada por Infobae Colombia. Según la profesional, el 10,4% de los jóvenes entre 12 y 17 años presenta señales de posibles trastornos emocionales, una cifra que se eleva al 12,8% en el caso de las mujeres adolescentes. La advertencia se sustenta en datos que revelan una realidad preocupante: el 4,8% de los adolescentes manifestó ideas suicidas en los últimos 30 días y el 2,9% informó conductas de autolesión en el mismo período. La psicóloga hizo un llamado urgente a la prevención y al acompañamiento familiar, subrayando que «un adolescente no se va a superar por sí solo».

El contexto global respalda la gravedad de la situación. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que uno de cada siete jóvenes de 10 a 19 años vive con un trastorno mental, y que la mitad de las afecciones que se manifiestan en la adultez comienzan antes de los 18 años. Por su parte, UNICEF estimó que cerca de 166 millones de adolescentes convivían con trastornos mentales en 2019. En Colombia, el acoso escolar se suma como factor de riesgo: el 21% de los estudiantes de 15 años afirmó haber padecido acoso varias veces al mes o más durante 2025. Entre quienes perciben discriminación en el colegio, la incidencia de probables trastornos emocionales asciende al 20%.

Factores detrás de la crisis: pandemia, redes sociales y aislamiento

La pandemia de covid-19 alteró de manera profunda las experiencias clave del período adolescente, según explicó Avellaneda. El aislamiento redujo el contacto presencial, los deportes, las salidas y los espacios de desarrollo social. La educación virtual, las pérdidas familiares y las dificultades económicas afectaron a numerosos hogares. Si bien las consecuencias no fueron idénticas para todos —algunos adolescentes encontraron espacios de descanso o reforzaron la cercanía familiar—, la psicóloga advierte que las redes sociales, aunque no son negativas por sí mismas, pueden convertirse en un problema cuando los jóvenes empiezan a medir su valor a partir de seguidores, reacciones o comentarios, lo que afecta su autoestima y genera ansiedad. «Un adolescente puede comenzar a comparar su cuerpo, su apariencia y sus logros», señaló.

Ante este panorama, Avellaneda insistió en la importancia de la detección temprana y el acompañamiento familiar. «Identificar una señal de alerta no significa diagnosticar», aclaró, al tiempo que enfatizó: «No debemos esperar a que los síntomas aumenten, sino actuar». Entre las señales de alerta que los padres y cuidadores deben observar se encuentran el aislamiento, la irritabilidad, la tristeza sostenida, los trastornos del sueño, la pérdida de apetito, el deterioro académico y la falta de interés por actividades que antes disfrutaban. También recomendó prestar atención a expresiones como «ya no quiero vivir», «soy una carga» o «la vida no tiene sentido», que pueden indicar ideas suicidas o autolesiones. En esos casos, la especialista instó a no dejar solo al adolescente y acudir de inmediato a servicios de urgencias.

«He notado que estás diferente. Puedes contar conmigo. No te voy a juzgar».

Jennifer Avellaneda, psicóloga especialista en salud ocupacional, sobre cómo iniciar una conversación con un adolescente

La psicóloga propuso que los padres busquen momentos de conexión genuina con sus hijos, evitando juzgar y validando sus emociones. Sugirió establecer acuerdos familiares sobre horarios de uso de redes sociales, privacidad, publicaciones y contacto con desconocidos, y promover actividades físicas, descanso adecuado, alimentación balanceada, recreación, contacto con la naturaleza y espacios creativos. A nivel institucional, los colegios deben fortalecer los protocolos contra el acoso escolar, capacitar a los docentes y ofrecer herramientas de educación emocional y proyecto de vida. La crisis de salud mental adolescente, advierte Avellaneda, no se resuelve con esperar: requiere acciones concretas desde el hogar, la escuela y el sistema de salud.

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