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El baile es para el ganador

Por ESTEBAN JARAMILLO OSORIO

El gol decisivo de Elieyker Guzmán, el chico de 18, con registro colombiano en Dimayor, nacido en Venezuela, que destrabó el partido y eliminó afugias y complicaciones en la clasificación del Once Caldas, no fue un arrebato cualquiera de un audaz aprendiz.

Al contrario, fue una muestra sensacional de su espontaneidad, con la reafirmación de su calidad en la que confió el entrenador, respaldaron sus compañeros y celebraron los autores de talento once, un programa formativo con la autoría de Ramiro Ruíz el gerente deportivo, con el respaldo de todos los profesionales vinculados al club.

Elieyker, decidió como un veterano para montar y rematar la jugada. Por el mismo camino que recorrió minutos antes, con su habilidad acostumbrada, Niche Sánchez, en acción que se envenenó en la última puntada de Andrés Roa, por encima del madero.

A propósito, qué manera original de celebrar. Un baile tan pegajoso, de trópico, como el “ras-tas-tas de Colombia en el mundial de Brasil, cuando el futbol…fue futbol.

Encaró el Once el partido, sin miedos, atrevido, atacante, con un solitario volante de recuperación, Robert Mejía, cuyo corajudo aporte no acepta discusión.

Tuvo predominio en el juego, con combinaciones aisladas que escondieron el balón, marcaron el ritmo, sin notables repercusiones ofensivas, salvo en el gol, con la destreza de Dayro, la que no tuvo en otras ocasiones, cuando ahogó sus gritos frente a la red.

La cancha, que luego del gol a favor se inclinó en desventaja, parecía tragarse al Niche, quien no encontraba el balón. Este, el cuero, en poder de Roa, con inusitada figuración.

La tardanza en la lectura del partido, cuando el desequilibrio castigaba, por poco malogra la tarde. Fue jugar con fuego.

En el triunfo parcial, el Once debió sacrificar un delantero, recomponer sus líneas y aportar otro recuperador. Zapata y Zuleta, no estaban bien.

El paso a la ronda de semifinales fue, para el blanco, apretado, tenso, pero bacano por lo logrado. No se libró de sustos, sobre todo al final, con aquella tapada espectacular de Joan Parra, que lo rotuló como una de las figuras, para salvar la paridad.

Fue la tarde del sacrificio y los derroches físicos. Por eso Castaño, Mejía, Roa, Dayro, Cuesta y Riqueth a pesar de sus involuntarios enredos con buenas calificaciones.

Los futbolistas-porcelana como Zapata, Zuleta y Patiño no encajaron en el duelo. Este último con su acostumbrado show, rebotando sobre el piso, mientras simulaba una infracción. Poco o nada aportó porque no sabe marcar.

El resultado le evita al Once bailar en la cuerda floja en la última fecha del calendario regular. Trámite puro al cierre, ante Nacional.

Aunque con la posibilidad de celebrar ante su público, levantando la mirada y sacando pecho, especialmente Herrera y sus colaboradores, porque en su clasificación tantas veces tuvieron viento y marea, en contra. Optima ocasión para sumar puntos que acerquen una copa internacional.

Como en el futbol y en la vida, oratoria es hablar y dialéctica convencer, el exceso de triunfalismo, puede convertirse en enemigo. Paso a paso, es mejor.

Columna de opinión

Las opiniones expresadas en las columnas de opinión son de exclusiva responsabilidad de su respectivo autor y no representan la opinión editorial de La Veintitrés.

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