Treinta días después del terremoto de 7,4 Mw que tuvo su epicentro en San José del Palmar, Chocó, Colombia enfrenta todavía las dimensiones de una tragedia que dejó 331 personas muertas, 4.505 heridas, 111 desaparecidas y más de 36.000 viviendas destruid
Treinta días desde aquel 10 de agosto en que la tierra se estremeció y un sismo de 7,4 Mw, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, cambió la vida de cientos de miles de colombianos.

El tiempo ha pasado. La emergencia inmediata cedió espacio a las labores de recuperación y reconstrucción. Los equipos de búsqueda y rescate regresaron a sus lugares de origen y las comunidades comenzaron, lentamente, a enfrentar una realidad distinta: la de reconstruir lo que el terremoto destruyó.
Pero hay una manera implacable de medir la dimensión de una tragedia: las cifras.
Y un mes después, esas cifras siguen siendo enormes.
El último balance de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, UNGRD, con corte a las 6:30 de la mañana del 10 de septiembre, reporta 16 departamentos y 497 municipios afectados.
Son 298.791 familias y 466.345 personas afectadas.
Una dimensión que crece cuando se observa el Registro Único de Damnificados, RUD, plataforma en la que municipios y entidades del Sistema Nacional de Gestión del Riesgo consolidan la información de las personas y familias damnificadas.
Allí aparecen registrados 364.672 familias y 778.281 personas.
Dos cifras que responden a metodologías y procesos de consolidación diferentes, pero que tienen algo en común: muestran que la tragedia desbordó ampliamente el lugar donde ocurrió el movimiento telúrico.
331 vidas que ya no están
Hay números que son imposibles de reducir a estadísticas.
331 personas fallecieron.
Otras 4.505 resultaron heridas y 111 permanecen desaparecidas.
El balance registra además 364 personas rescatadas.
Cada una de esas cifras representa una familia, una historia interrumpida, alguien que no regresó a casa o alguien que sobrevivió con heridas que permanecerán mucho después de que desaparezcan los escombros.
La tragedia de las viviendas
La fotografía de la emergencia también está en las casas.
El reporte nacional registra 201.939 viviendas averiadas y 36.327 destruidas.
En el RUD aparecen, además, 104.038 viviendas no habitables, mientras que otras 84.856 son reportadas como habitables.
Son miles de familias que perdieron el lugar donde vivían o que todavía no pueden regresar a él.
La diferencia entre una vivienda averiada y una destruida puede parecer una cuestión técnica cuando se observa en una tabla. Para quien la perdió, es la diferencia entre reparar una pared y empezar de nuevo.
Escuelas, hospitales, vías y servicios
El terremoto tampoco se limitó a las viviendas.
6.047 edificios resultaron averiados y 758 colapsaron.
La infraestructura esencial quedó igualmente comprometida: 397 centros de salud, 4.316 centros educativos y 6.118 centros comunitarios aparecen afectados.
También resultaron afectadas 521 vías, cinco aeropuertos, 141 acueductos, 107 puentes vehiculares y 13 puentes peatonales.
Detrás de cada infraestructura afectada hay una consecuencia directa sobre la vida cotidiana: un estudiante que no puede regresar a su colegio, una comunidad que enfrenta dificultades para recibir atención médica, una carretera que deja de conectar territorios o una población que tiene problemas para acceder al agua.
Los animales también hicieron parte de la tragedia
En medio de la emergencia hubo otra tarea que muchas veces queda relegada en los grandes balances: rescatar a los animales.
La UNGRD reporta 3.003 animales rescatados y 3.282 afectados.
Otra dimensión de una tragedia que no terminó cuando cesaron los movimientos de la tierra.
Doce días contra el reloj
Durante los primeros días, la prioridad fue una sola: encontrar sobrevivientes.
Colombia movilizó 16 grupos USAR acreditados y cuatro grupos de apoyo.
Las operaciones de búsqueda y rescate se extendieron durante 288 horas, equivalentes a 12 días de trabajo.
El balance registra 356 personas rescatadas y 259 cuerpos recuperados.
En esas labores participaron 1.849 rescatistas. A ellos se sumaron equipos de apoyo internacional, con 34 integrantes y un componente de 932 rescatistas, según el consolidado oficial.
Fue una carrera contra el tiempo en la que cada hora podía significar la diferencia entre encontrar a alguien con vida o recuperar un cuerpo.
Ahora comienza otra etapa
La emergencia cambió de rostro.
Ya no se trata únicamente de buscar personas entre los escombros. Ahora el desafío es mucho más largo y, posiblemente, menos visible.
Reconstruir.
Reconstruir viviendas.
Reconstruir escuelas.
Recuperar hospitales.
Restablecer vías y servicios.
Recuperar los medios de vida.
Y, sobre todo, recuperar la confianza de comunidades que vieron cómo en segundos se desmoronó buena parte de lo que habían construido durante años.
Un mes después, el terremoto dejó de ser una noticia de última hora.
Pero no dejó de ser una emergencia para quienes todavía viven sus consecuencias.
Las cifras seguirán cambiando. El número de damnificados se actualizará. Las viviendas serán reparadas o reconstruidas. Las carreteras volverán a abrirse. Las escuelas retomarán sus actividades.
Lo que no cambiará es el número de quienes no sobrevivieron.
331 vidas.
Por eso, un mes después, mirar las cifras no significa olvidar a las personas que hay detrás de ellas.
Significa recordar la magnitud de lo ocurrido.
Porque los números son fríos.
Pero la tragedia que cuentan sigue estando viva.










