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El Mundial: un goce infinito

EL futbol que se juega, se vive, se disfruta, se narra y se comenta. El de las historias felices y desgarradoras. El de las grandes figuras, sonoros triunfos y profundas decepciones.

Por ESTEBAN JARAMILLO OSORIO

Cada mundial es una fiesta irrepetible. Presentes siempre los recuerdos, de historias reales o imaginarias cuando rodó el balón. Los héroes consagrados y las figuras fugaces que tocaron la gloria y desaparecieron en el olvido.

El futbol de hoy no tiene personajes de la dimensión de Cruyff, Ronaldo Nazario, Beckembauer, Pelé, Zidane o Ronaldinho. Capaces de cambiar en un instante la historia de un partido.

Cristiano y Messi, transitan los últimos capítulos de sus carreras en la élite. Los acompañan escuderos y diseños tácticos para protegerlos y prolongar su influencia. En ese grupo de veteranos ilustres encajan Neymar, Modric, Dzeko y James Rodríguez.

Tanto de aquello que inspira este presente.

La orquesta de Brasil en los mundiales del 70 y del 82. Holanda y Hungría, campeones morales con brillante futbol. “El Maracanazo”, que convirtió al uruguayo Obdulio Varela en leyenda y condenó injustamente al portero Moacyr Barbosa señalado hasta su muerte. Desde aquel día Brasil nunca utilizó su uniforme blanco.

Los goles con magia de Maradona y su caída, esclavo de su mente dispersa. La consagración de un Pelé juvenil, el cabezazo de Zidane a Materazzi y el penal errado de otro italiano, el más querido, Robert Baggio, en la final del 94.

Y están las hazañas inolvidables. Como el gol olímpico de Marcos Coll, el colombiano que pese a lo remoto voltea en la memoria; las atajadas de Gordon Banks. El Fillol, inmenso en la final en Argentina en Buenos Aires, y la parada imposible de “Dibu” ante Kolo Muani de Francia, en Catar, que valió el título. Ambos campeones.

El desplome de aquella fascinante argentina, que llegó invicta en 2002 con Bielsa. O el de Francia, fusilada por las peleas de su técnico Domenech y los futbolistas. O la selección Colombia, liquidada por los egos en el 94, después del 5-0 ante Argentina y la del 98 derrotada por ella misma en el camerino.

El azote a los jugadores y el entrenador de Corea, porque humillaron con sus resultados al dictador Kim Jong-un.

Y las sentencias de muerte a los futbolistas de Zaire (Hoy Congo) de parte de su dictador Mubuto, porque los golearon en Alemania.

El mundial no es solo futbol. Es memoria, es gloria, es tragedia. Es belleza y es escándalo que el tiempo no borra.

Si señores. Aquí estoy, en modo mundial. Con la esperanza de bellos partidos, “mendigo del buen futbol”.

Aquí estoy siguiendo el paso de los favoritos, los consagrados y las estrellas emergentes. A la siempre indescifrable selección Colombia, capaz de grandes hazañas y de dolorosas decepciones. Con ella el futbol se siente…Y se sufre.

Columna de opinión

Las opiniones expresadas en las columnas de opinión son de exclusiva responsabilidad de su respectivo autor y no representan la opinión editorial de La Veintitrés.

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