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EL RATÓN NO CUIDA EL QUESO 

Esteban Jaramillo Osorio 

Dayro. El nuevo portero. Laterales. Un volante. Un delantero y un extremo. Se mueve lento el mercado. Los gustos que no se satisfacen. Las necesidades y los sueldos exagerados.

El sentimiento Once, ni se compra ni se vende; no se mancha, no se irrespeta, ni se transfiere. Siempre lo he sostenido.
 
Por eso voy en contra de las corrientes destructivas que marcan el camino hipotético hacia el apocalipsis, representado en el descenso, en la eventualidad de un nuevo fracaso por el temor a la repetición de los errores cometidos.
 
Los días de furia, después de la eliminación, desaparecieron. Solo uno que otro brote con las actuaciones de León en el Medellín, de Nicolás Giraldo en el Tolima y Deossa en Nacional, todos rechazados en Manizales.
 
El viaje en los meses muertos, inactivos en la competencia, es expectante, tedioso y lleno de interrogantes. Los son también las semanas de la pretemporada, cuando no se mueve el mercado.
 
Nunca he creído que, en el Once Caldas, los directivos sean como el ratón que cuida el queso.
 
Sus desdichadas decisiones son la consecuencia del desconocimiento y la pobreza en la inversión, los arrebatos, las pobres ambiciones, las malas influencias y la falta de experiencia al analizar los torneos con sus consecuencias.
 
No forman parte de un premeditado saqueo de las finanzas para enriquecerse con el riesgo de arruinar la institución. El problema, lo sabemos todos, no es económico, ni financiero, es deportivo.
 
Después de la limpieza, con la marcha de personajes incómodos dentro y fuera de la cancha, el balón vuelve a ser fuente informativa. Ya son otros los que le hablan al oído al presidente.
 
La situación de Dayro con su cacareada salida, o la ratificación de su continuidad, tiene trazos de novela.
 
El supuesto interés de otros clubes no se ha oficializado. Su partida o permanencia es de su resorte por ser agente libre, al concluir su contrato, lo que será rigurosa prueba para ratificar su amor incondicional, siempre proclamado, al Once Caldas. 
 
El proceso de renovación está en punto muerto por su ausencia. Disfruta, como todo el equipo, de sus vacaciones. La cifra no es problema, porque se acordó a mitad de año. La dificultad radica en la extensión de su contrato. El Once le ofrece un año, el delantero quiere dos.
 
Ya hay portero. James Aguirre, titular en Bucaramanga y de buena trayectoria, en plena madurez, con liderazgo. Un suplente para Chaux quien negocia su continuidad.
 
También un lateral, uno más en franja opuesta se negocia, un medio de equilibrio, un extremo ofensivo, que haga recorrido por la banda izquierda y un delantero. Ha fijado su mirada el club, en su elección, en dos extranjeros que actúan en Colombia. De llegar uno de ellos sacudirá el ambiente. Son reconocidos, pero no vacas sagradas.
 
P. D.  A Nicolás Gallo, uno de los mejores en el mundo, en el manejo del VAR, la comisión arbitral le niega un justo reconocimiento. Es víctima de Wilmer Roldan e Imer Machado, quienes lo han bloqueado, con el silencio de los directivos.

Ha vuelto a pitar, con buen puntaje, por la mediación de Álvaro González. Lamentables son las razones para su aislamiento.
 
Esteban J.

Columna de opinión

Las opiniones expresadas en las columnas de opinión son de exclusiva responsabilidad de su respectivo autor y no representan la opinión editorial de La Veintitrés.

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