El volcán Puracé y las señales que no se ven a simple vista

Foto del SGC tomada por la cámara Mina que está ubicada a 2,3 km del volcán, y optimizada con IA
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La historia no está solamente en lo que sale del cráter, también está en lo que los instrumentos están detectando debajo de él

Predominan las señales sísmicas asociadas al movimiento de fluidos, continúa la deformación lenta del suelo y el CO₂ registra una tendencia ascendente. El SGC advierte que las variaciones temporales no significan necesariamente que el sistema haya recuperado estabilidad


Mientras buena parte de la atención sobre el volcán Puracé suele concentrarse en las emisiones visibles de ceniza, el seguimiento científico revela que hay otras señales, menos evidentes, que permiten entender lo que ocurre en el interior del sistema volcánico.

El más reciente boletín del Servicio Geológico Colombiano (SGC), con corte a las 2:00 de la tarde de este miércoles, señala que continúa predominando la actividad sísmica relacionada con la dinámica de fluidos dentro de los conductos volcánicos. En particular, se mantienen los eventos de largo periodo (LP) y los pulsos de tremor (TR), localizados bajo el cráter del Puracé y a profundidades inferiores a un kilómetro. 

A esto se suma otro comportamiento que los instrumentos siguen registrando: la deformación lenta del suelo en el sector comprendido entre los volcanes Puracé, Piocollo y Curiquinga.

Un contraste en los gases

El monitoreo de los gases también presenta señales que forman parte de la evaluación permanente del volcán.

El SGC reporta que las emisiones de dióxido de azufre (SO₂) han disminuido, pero, en contraste, continúa aumentando la concentración de dióxido de carbono (CO₂) medida en el suelo. 

Son precisamente este tipo de variables —que no pueden observarse directamente desde las poblaciones cercanas— las que permiten a los especialistas establecer cómo está evolucionando la actividad volcánica.

En las últimas semanas, explica el SGC, los diferentes parámetros monitoreados instrumentalmente continúan por encima de las líneas base de comportamiento, lo que representa una alteración importante en la dinámica del volcán. 

Ceniza, pero sin anomalías térmicas

El boletín también registra una emisión de ceniza ocurrida después del informe anterior. La ceniza fue dispersada hacia el noroccidente del edificio volcánico, de acuerdo con la dirección de los vientos.

Sin embargo, las plataformas de observación satelital no identificaron anomalías térmicas en el fondo del cráter. 

Este dato resulta relevante porque muestra que el comportamiento del Puracé no puede analizarse únicamente a partir de aquello que resulta visible. La actividad volcánica se evalúa mediante el conjunto de señales que proporcionan los sistemas de monitoreo.

Una disminución no significa estabilidad

El SGC hace además una precisión importante: mientras se mantenga el actual nivel de actividad, pueden presentarse variaciones temporales, incluso disminuciones frente a los niveles observados días o semanas atrás.

Pero una reducción temporal de algunos parámetros no significa necesariamente que el volcán haya regresado a un nivel estable. Para considerar un cambio en el estado de alerta se requiere un periodo prudencial durante el cual sean evaluados los diferentes parámetros y se establezcan tendencias que permitan determinar una estabilidad confiable. 

Por ahora, el seguimiento continúa concentrado en esas señales que ocurren bajo y alrededor del edificio volcánico: sismicidad, deformación del terreno y comportamiento de los gases, además de las manifestaciones que pueden observarse en superficie.

El SGC recomienda no acercarse a las zonas de los cráteres de Puracé, Piocollo y Curiquinga, ni a las cabeceras de los ríos que nacen allí, ante la posibilidad de emisiones repentinas de gases y ceniza, expulsión de fragmentos de roca y la generación de flujos de lodo de menor alcance. 

La recomendación del organismo científico es seguir la evolución del proceso exclusivamente a través de sus boletines y canales oficiales, así como atender las instrucciones de las autoridades y de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD). 

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