La reciente elección del presidente del Senado ha enviado una señal clara al nuevo gobierno de Abelardo De la Espriella: el control del Congreso no está garantizado y la construcción de mayorías legislativas requerirá una intensa negociación política. El triunfo del senador Honorio Henríquez, del Centro Democrático, quien obtuvo el respaldo de su bancada y del Pacto Histórico, pese a que el Ejecutivo electo apoyaba la candidatura de Alfredo Deluque, del Partido de la U, evidenció que la coalición de gobierno no tiene asegurada una mayoría automática. Analistas consultados coinciden en que este episodio representa la primera prueba política real para el presidente electo y anticipa un escenario complejo en el que la gobernabilidad dependerá de su capacidad para tender puentes con los partidos.
La coalición formal que respalda a De la Espriella está compuesta por Centro Democrático, Partido Conservador, Cambio Radical, Salvación Nacional y Creemos. En el Senado, esta alianza suma 38 curules de 108, mientras que en la Cámara de Representantes llega a 60 de 188. Para alcanzar la mayoría absoluta —55 votos en Senado y 94 en Cámara— se requieren al menos 17 y 34 votos adicionales, respectivamente. El panorama se completa con partidos que aún no han definido su posición: el Liberal (13 senadores y 28 representantes), el Partido de la U (9 senadores y 12 representantes) y la Alianza Verde (11 senadores y 7 representantes) tienen hasta el 7 de septiembre para declararse de gobierno, oposición o independencia. Mientras tanto, Cambio Radical ya se declaró partido de gobierno, el Centro Democrático reiteró que actuará como tal y el Pacto Histórico confirmó su rol de oposición.
Analistas advierten sobre la necesidad de consensos
El analista político y profesor de la Universidad del Rosario, Yann Basset, señaló que «De la Espriella tiene a priori la posibilidad de tener mayoría, los partidos tradicionales están dispuestos a negociar con él, a hablar, a apoyar su gobierno, pero no es una mayoría automática». Basset también advirtió que el presidente electo «no puede darse el lujo en este sentido de pelear con el jefe del partido más grande de esta coalición, es decir con Álvaro Uribe y el Centro Democrático». El analista recordó que «Abelardo ganó con un discurso muy crítico de los partidos políticos, pero si quiere el apoyo del Congreso tiene que ser mucho más conciliador».
«A pesar de que en el Congreso los medios dicen que ha logrado consolidar unas mayorías, yo pienso que eso está en discusión y justamente lo vimos con la elección del presidente del Senado»
Germán Prieto, analista político Universidad Javeriana
En la misma línea, el analista Germán Prieto, de la Universidad Javeriana, afirmó: «Eso lo que muestra es que el gobierno electo no tiene el control sobre el Congreso, claramente no tiene las mayorías para que tenga una gobernabilidad suficiente». Para Diego Alejandro Pedraza, otro analista político, la advertencia es directa: «Si Abelardo quiere gobernar, deberá hacerlo con el Congreso y con las Cortes. Un enfrentamiento directo desde el momento cero minaría su gobernabilidad».
El nuevo presidente del Senado, Honorio Henríquez, ya se pronunció tras su elección: «Agradezco la llamada del presidente electo. Le reiteré mi compromiso de ejercer la Presidencia del Senado con absoluto respeto por la Constitución». La frase, aunque de tono conciliador, no oculta la realidad de que el Ejecutivo entrante deberá navegar en un Congreso fragmentado, donde los partidos tradicionales, aunque dispuestos al diálogo, exigen ser escuchados y tenidos en cuenta en la toma de decisiones. La gobernabilidad de De la Espriella dependerá, en buena medida, de su habilidad para transformar su discurso crítico de campaña en una práctica de construcción de consensos que garantice la estabilidad legislativa de su gobierno.












