La muerte de alias Bendito Menor, jefe de la subestructura Javier Cáceres de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (Acsn, también conocidas como Los Pachenca), el pasado 4 de septiembre, habría desencadenado un vacío de poder en la Alta Guajira que está siendo ocupado por el Ejército de Liberación Nacional (ELN), según fuentes consultadas por El Colombiano. El abatimiento del cabecilla, junto a su pareja alias La Bebecita y dos escoltas, se sumó a una ofensiva militar que desde abril pasado había golpeado a esa estructura criminal, pero la salida de sus células dejó un territorio sin control estatal que el ELN, con presencia histórica en la zona fronteriza, aprovechó para expandirse. La Defensoría del Pueblo ya había advertido sobre este escenario en la Alerta Temprana de Inminencia 013-26, emitida en junio, donde se señalaba una disputa entre las Acsn, el ELN, la Segunda Marquetalia y otras estructuras criminales locales.
Las operaciones militares, que incluyeron el abatimiento de nueve integrantes de las Acsn en abril en la vereda Kamuishisain, en Uribia, y la detención de alias Cholo, segundo cabecilla de la subestructura, el pasado 21 de septiembre, debilitaron significativamente a Los Pachenca. A esto se sumó el traslado de 76 personas de cárceles del Caribe por orden del Gobierno, por presuntos vínculos con la organización. La subestructura Javier Cáceres, que contaba con unos 170 integrantes entre hombres armados y redes de apoyo, se replegó de la Alta Guajira, pero el Estado no ocupó el vacío, lo que permitió al ELN instalarse en corredores estratégicos como Castilletes, Puerto López, Flor del Paraíso, Wimpeshi, Siapana y Punta Espada, con conexión hacia Venezuela, según las mismas fuentes. En ese contexto, el Clan del Golfo también intentó aprovechar el escenario, pero encontró al ELN ya posicionado.
Un desorden criminal en el que coexisten varios actores armados
La investigadora Paula Tobo, de la Fundación Ideas para la Paz, caracterizó la situación de la Alta Guajira como una coexistencia atravesada por el desorden criminal, donde al menos cuatro actores armados tienen influencia: las Acsn, el ELN, el Clan del Golfo, la Segunda Marquetalia y diversas estructuras criminales locales. La Alerta Temprana 013-26 ya identificaba a La Majayura y Carraipía como áreas de control hegemónico del ELN, mientras que Los Pachenca buscaban consolidarse en Maicao, lo que chocaba directamente con ese dominio. No obstante, el principal foco de confrontación en el departamento continúa en Magdalena, Dibulla y Riohacha, por la disputa entre las Acsn y el Clan del Golfo. En las zonas donde coinciden el Clan del Golfo y el ELN hay tensión, pero no una disputa territorial consolidada.
Las rentas ilegales que sostienen a estas organizaciones en la región incluyen el narcotráfico hacia el Caribe, extorsiones, el control de corredores de tráfico y el tráfico de armas, todas actividades que se benefician de la porosidad de la frontera con Venezuela. En el último mes, fuentes reportaron retenciones sucesivas de jóvenes en la zona: algunos fueron interrogados y regresaron, pero otros no habrían vuelto, lo que evidencia el clima de zozobra que vive la población civil atrapada entre estos grupos armados. La Defensoría del Pueblo ya había alertado en junio sobre el riesgo inminente para las comunidades wayúu y campesinas, advirtiendo que el repliegue de un actor armado sin la presencia efectiva del Estado solo profundizaría la crisis humanitaria y la disputa por el control territorial.










