Elvira Cuervo critica al director del Caro y Cuervo por opiniones en redes oficiales

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El director del Instituto Caro y Cuervo, Sergio Vélez, ha desatado una fuerte controversia al utilizar las cuentas oficiales de la entidad para emitir opiniones personales sobre los escritores Gonzalo Arango y Andrés Caicedo, lo que provocó críticas contundentes de la exministra de Cultura Elvira Cuervo de Jaramillo, descendiente directa de Rufino José Cuervo, y de diversos actores del ámbito literario y académico. La polémica estalló luego de que Vélez publicara videos en las redes institucionales en los que aborda la vida y obra de ambos autores desde una perspectiva moral y personal, generando cuestionamientos sobre los límites del uso de canales oficiales y la misión del Instituto, creado en 1942 y con más de ocho décadas de historia dedicado a la preservación del patrimonio lingüístico y literario del país.

Los videos, que circularon en días previos —el dedicado a Andrés Caicedo se difundió la noche del 29 de septiembre—, muestran a Vélez, comunicador social de 42 años con posgrados en Canadá, seis libros publicados y el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en 2010, presentando una lectura personal sobre la conversión religiosa de Gonzalo Arango, fundador del nadaísmo, y asociando el suicidio de Caicedo con una advertencia moral. La exministra Elvira Cuervo de Jaramillo, en declaraciones a Caracol Radio, fue clara al señalar que ese no es el propósito del Instituto: “Para eso no está el Instituto Caro y Cuervo. Eso no les corresponde”. Agregó que “lo que nos corresponde es velar sobre el lenguaje, no opinar sobre hechos alrededor, ajenos a él”, en referencia a los juicios morales que, según ella, no deberían emanar de una institución lingüística.

Críticas desde la familia Cuervo y el ámbito académico

La reacción de Elvira Cuervo de Jaramillo no fue la única. La escritora Margarita Posada cuestionó el tono del director al hablar del suicidio de Andrés Caicedo: “Yo no lo romantico, pero tampoco hablo del síntoma más grave de cualquier trastorno mental, como lo es el suicidio, como si fuera una escogencia de una persona”. Por su parte, el artista y docente de la Universidad de los Andes Lucas Ospina advirtió que, si bien la libertad de expresión es un derecho pleno, “usar la cuenta oficial del Instituto Caro y Cuervo para hacer eso me parece un uso errado de las comunicaciones”. La representante estudiantil del ICC, Lucía Vanegas, pidió que “esa pluralidad se refleje también en las comunicaciones institucionales”, en alusión a la diversidad de opiniones que deberían mostrarse.

“Para eso no está el Instituto Caro y Cuervo. (…) Eso no les corresponde”

Elvira Cuervo de Jaramillo, exministra de Cultura

La exdirectora del ICC Daniella Sánchez Russo también se pronunció, criticando que Vélez no haya presentado líneas de investigación ni planes de gestión, como el doctorado ante el Ministerio de Educación, proyectos de documentación de lenguas indígenas para 2025, o el Museo de Yerbabuena. En declaraciones recogidas por El Espectador, El Colombiano y Cambio, Sánchez Russo señaló que el director parece estar más enfocado en generar contenido personal que en la hoja de ruta institucional. Asimismo, Catalina Valencia, coordinadora cultural de la Fundación Paz y Reconciliación Pares, alertó que el uso de canales institucionales para opiniones personales puede convertir al ICC en “una oficina de comunicaciones del Gobierno”, erosionando su independencia y su misión académica.

En las redes sociales, los comentarios no se hicieron esperar. Varios usuarios señalaron en Instagram que las cuentas del Instituto se estaban convirtiendo en “el TikTok personal del director”, una crítica que resume la percepción de que las plataformas oficiales han dejado de reflejar la pluralidad y el rigor que caracterizaron al Caro y Cuervo durante décadas. Sergio Vélez, nombrado por la ministra de Culturas Paola Holguín, ha defendido su derecho a expresar opiniones, pero la controversia deja en evidencia un choque entre la autonomía del director y la naturaleza institucional de una entidad que, por su historia y su razón de ser, debe anteponer el estudio del lenguaje y la literatura a las interpretaciones personales. Por ahora, el Instituto Caro y Cuervo se mantiene en el centro de un debate que trasciende lo literario y plantea preguntas sobre el papel de las instituciones culturales en la era de las redes sociales.

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