En el marco del Congreso Empresarial Colombiano de la Andi, celebrado en Cartagena, el embajador de Colombia en Venezuela, Jorge Jaller, presentó una hoja de ruta estructurada en tres etapas para recuperar el comercio bilateral, que pasó de los 7.000 millones de dólares en 2008 a mínimos históricos de 222 millones en 2020. Con la mira puesta en 2026, las proyecciones de los gremios apuntan a alcanzar los 1.600 millones de dólares, impulsadas por el restablecimiento de la corresponsalía bancaria directa, una línea de crédito de Bancóldex por 100 millones de dólares y un enfoque en sectores como la construcción, la agroindustria, la energía y el consumo.
El diplomático, designado por Abelardo de la Espriella, sostuvo que la recuperación debe partir de la confianza y generar beneficios para ambos países, subrayando que la reconstrucción venezolana generaría una demanda significativa de bienes y servicios colombianos. La relación económica, que tocó fondo durante el distanciamiento político y la crisis en el vecino país, ha mostrado signos de recuperación: de los 222 millones de dólares en 2020, el intercambio subió a 741 millones en 2022, luego a 1.124 millones en 2024 y una proyección de 1.170 millones para 2025. No obstante, las pérdidas acumuladas desde la ruptura se estiman en 19.600 millones de dólares, equivalentes al 18% del PIB venezolano de 2023, con exportaciones no realizadas por 2.842 millones.
Una hoja de ruta por etapas
La estrategia planteada por Jaller se divide en tres fases para el período 2026-2028. En 2026, el foco estará en atender necesidades urgentes y concretar contratos en divisas; para 2027, se prevé avanzar en producción conjunta y expansión de mercados; y hacia 2028, la meta es establecer contratos binacionales, exportaciones conjuntas a terceros y un portafolio compartido. Este plan se apoya en herramientas financieras renovadas: Banesco, BNC, BBVA Provincial, Banco Caribe y Mercantil han restablecido la corresponsalía directa con respaldo del Banco Central de Venezuela, mientras que la línea de crédito de Bancóldex, anunciada el 27 de abril, abre la puerta a mecanismos como cartas de crédito y pagos diferidos.
Los sectores identificados como de mayor potencial para las exportaciones colombianas incluyen materiales de construcción como vidrio, cerámica, plásticos y tuberías, así como transformadores, cableado y equipos de energía y telecomunicaciones. En el agro, la oportunidad es mayúscula: Venezuela cuenta con 25 millones de hectáreas aptas para cultivo, de las cuales solo 1,14 millones están siendo utilizadas, y existe un déficit de maquinaria agrícola estimado entre el 70% y el 80%. La asistencia técnica, los repuestos y los fertilizantes colombianos podrían jugar un papel clave. Además, la capacidad instalada del sector farmacéutico venezolano ronda apenas el 67%, y el comercio minorista proyecta un crecimiento de entre 10% y 12% para el bienio 2025-2026, con un 45% a 55% de las transacciones realizadas en dólares.
La reconstrucción como motor
Las necesidades de reconstrucción en Venezuela son enormes: se requieren entre 800 millones y 1.200 millones de dólares solo en materiales y equipos para infraestructura, y la inversión necesaria en el sector petrolero, que hoy produce 1,02 millones de barriles diarios, se acerca a los 100.000 millones de dólares para alcanzar la meta de 1,2 a 1,5 millones de barriles. Simultáneamente, el país enfrenta una crisis humanitaria profunda: cerca de un millón de venezolanos requieren asistencia inmediata, y al 24 de junio se reportaban 5.398 fallecidos en contexto de la emergencia. El plan de respuesta de la ONU para 2026 asciende a 931 millones de dólares, pero solo está cubierto en un 39%.
«El desafío consiste en recuperar una relación económica que alcanzó dimensiones mayores.»
Jorge Jaller, embajador de Colombia en Venezuela
Pese al optimismo, persisten riesgos asociados a la inestabilidad social y la capacidad de cobro en un entorno donde la dolarización de facto y las dificultades del sistema financiero aún generan incertidumbre. La hoja de ruta presentada por Jaller busca precisamente mitigar esos temores, abriendo espacios para alianzas binacionales en agroindustria, turismo, petróleo y gas, minería y energía. Para los empresarios colombianos, la ventana de oportunidad es clara: acceder a un mercado que, pese a su complejidad, demanda de manera urgente todo tipo de bienes y servicios, desde alimentos y medicamentos hasta maquinaria pesada y equipos tecnológicos, en un proceso de reconstrucción que, si se consolida, podría cambiar el mapa económico de la región.










