Tres escenarios de sala y el espacio público reunieron propuestas de España, Chile, Portugal y Colombia en la edición 58 del certamen
Relatos sobre la travesía de los migrantes, el pasado colonial, la unión familiar frente a las problemáticas escolares y la tenacidad del circo callejero protagonizaron la jornada

La lluvia no logró apagar el entusiasmo en el segundo día de la edición 58 del Festival Internacional de Teatro de Manizales. Entre butacas y espacios al aire libre, propios y visitantes acudieron a tres escenarios de sala y a la calle para encontrarse con cuatro universos escénicos que pusieron sobre la mesa temas como la familia, la memoria histórica, la migración y el humor.
El arte como conversación familiar en las salas
En el auditorio de Confa, la cuota local estuvo a cargo de la Corporación Hablando por los Niños con la obra Cafeto, una adaptación de Pinocho llevada al contexto cafetero y dirigida por David Carmona. La propuesta nació como una herramienta de intervención familiar en colegios de Manizales para prevenir el reclutamiento de menores para la venta y el consumo de sustancias psicoactivas.
Al finalizar la función, padres e hijos salieron conmovidos por un montaje que busca integrar a los adultos en las conversaciones cotidianas de los menores. Luz Nancy Rodríguez Sánchez y Luis Sánchez, integrantes de la corporación, destacaron la importancia de las escuelas familiares y de tocar las fibras de los hogares a través de las tablas, invitando además a la ciudadanía a dejarse contagiar por el «bicho del teatro».
Memoria histórica y el rostro humano de la migración
La jornada de sala también abrió espacio para la reflexión internacional. En el Teatro El Galpón, la compañía Hotel Europa presentó Portugal no es un país pequeño, bajo la dirección de André Amálio y Tereza Havlíčková. A partir de una investigación documental que combina revisión histórica y testimonios reales de antiguos colonos, el montaje abordó la dictadura portuguesa y su presencia colonial en África, planteando preguntas sobre cómo las sociedades recuerdan su pasado y reconstruyen su identidad entre generaciones.
Por su parte, el Auditorio de la Universidad Nacional recibió a la agrupación española Unahoramenos Producciones con El viaje de Suleimán. Basada en la novela homónima de Antonio Lozano y dirigida por Mario Vega, la puesta en escena combinó actuación, música y animaciones audiovisuales para relatar la peligrosa travesía hacia Europa de Suleimán, un adolescente de Malí, junto a su amigo Musa.
«Permite transformar los números y los ciclos en personas, en nombres y apellidos, en Suleiman Keita, en quien sea, y eso nos permite humanizar hasta el punto de entender que las historias son de personas y no de números», afirmó el director Mario Vega al cierre de la presentación, quien además resaltó la energía y el conocimiento teatral del público manizaleño.

Circo contra el aguacero en el espacio público
En la calle, la tenacidad fue la protagonista de la tarde dominical. Pese al fuerte aguacero que cayó sobre el Parque Ernesto Gutiérrez y que dejó empapados tanto los vestuarios como los aparatos antes de iniciar la función, los espectadores decidieron quedarse y esperar.
Ese respaldo impulsó a la compañía chilena OtroArte a presentar Sueños de circo, una obra creada en 2010 por Francisco Guajardo que fusiona la mística del circo tradicional con el teatro de calle y el circo contemporáneo. Entre malabares y destrezas físicas, el director calificó la experiencia con un «10 de 10», agradeciendo a la comunidad por permanecer bajo el agua y mantener vivo el encuentro ciudadano alrededor de la creatividad.
Fuente: Prensa Festival Internacional de Teatro










