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¿En venta el Once Caldas?



Esteban Jaramillo Osorio



Todo empezó como un rumor que se esparció con la velocidad propia de su trascendencia. Fue cobrando fuerza hasta convertirse en noticia.

Sin embargo, la silenciosa operación impulsada por el ex futbolista Abel Aguilar, quien hace de intermediario, se desinfló repentinamente, sin llegar a punto muerto, por condiciones incumplidas en el convenio inicial, de parte de los interesados.

No es la primera vez que ocurre.

Lo evidente es que Jaime Pineda tiene la voluntad de desprenderse del club, ante una buena oferta.

Hasta ahora, nada. Pero vale la pena seguirle la huella a la información.


Por otro lado, Arce se marcha. Es agente libre lo que le permite autonomía para elegir su próximo destino en Colombia o en el exterior. No hay forma de retenerlo por sus altos costos.

La continuidad de Mateo Garcia, con opción a Julio o diciembre, marcha por buen camino dada la voluntad de las partes, para negociar. En ello juegan la acogida entre el público y su notable rendimiento.

Hay consultas por Sergio Palacio, el defensor y por Alejandro García. No es cierto el interés de Millonarios por el guardameta James Aguirre porque hasta ahora no tiene ofertas por Montero, su golero titular.

A pesar del interés de Hernando Darío Herrera por Giovanni Moreno, este ya anunció su retiro definitivo del futbol.

Pabón, Mantilla y Guzmán, son deseos del entrenador, pero los valores que se ventilan rebasan los presupuestos.

El técnico quiere, como prioridad, un volante de marca clásico, un defensa central, un creativo y un delantero que juegue por las bandas. 

En el último partido en Manizales un equipo quiso jugar y no pudo, el otro no jugó ni dejó jugar, por su deseo cumplido de llevarse un punto. Por el valor del empate, Santa Fe fue el vencedor. Peleó y ganó con legitimidad y sin trampas, así el público repruebe su recalcitrante juego defensivo.

Al Once Caldas no le alcanzó con el despliegue físico reconocido.

No justificó sus ambiciones de victoria por la ausencia de protagonismo en las áreas y la impotencia para derrumbar el sólido muro defensivo de su rival.

En una emotiva noche, con apoyo entusiasta del público, el blanco no supo atacar. Sin recursos en el tercio ofensivo, con impotencia en la amplitud y la profundidad, aferrado a estériles centros como única alternativa, sin pases medidos, ni manejo de rebotes.

No hubo filtraciones por los carriles interiores, provocación de infracciones en el borde del área, ni atrevimiento individual en las maniobras. Todo tan útil cuando se enfrenta a defensas densas y musculosas.

Para agravar los males, se le permitió a Dayro Moreno jugar en  la comodidad de las bandas, lejos de su zona de gol, sin referencias  para el pase de Arce, inspirado siempre, pero sin socios.

Esta vez, como se presagiaba, no fue suficiente la voluntad en el juego para dominar al rival, lo que alteró los planes porque la idea era ganar de local y arañar un punto en Bogotá, situación que se complicó aún más con el triunfo sorpresivo del Tolima.

Se acepta que en estas instancias del campeonato, el recurso cuando no abunda la calidad, es la actitud y el Once la tuvo. Pero preocupa que, en un partido con necesidades apremiantes de triunfo, solo haya llegado dos veces, sin gol.

Esteban J.

Columna de opinión

Las opiniones expresadas en las columnas de opinión son de exclusiva responsabilidad de su respectivo autor y no representan la opinión editorial de La Veintitrés.

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