Valeria Afanador, una niña de 10 años con síndrome de Down, desapareció el 12 de agosto de 2025 durante la jornada escolar en el Gimnasio Campestre Los Laureles, en Cajicá, Cundinamarca. Su padre, Manuel Afanador, la dejó en el colegio a las 7:15 de la mañana, pero las últimas imágenes de las cámaras de seguridad la muestran a las 10:10 jugando y acercándose a unos arbustos cerca del río Frío. Dieciocho días después, su cuerpo sin vida fue hallado por un campesino a solo 200 metros del colegio, en una zona que ya había sido inspeccionada previamente, con la causa oficial de muerte determinada como ahogamiento. A cierre de 2025, el caso permanece sin resolverse, marcado por denuncias de negligencias y sospechas de homicidio.
La alerta por la desaparición de Valeria se activó recién después del mediodía del mismo 12 de agosto, lo que generó retrasos en la búsqueda inicial. Durante dos semanas, socorristas, voluntarios y familiares recorrieron la zona sin éxito hasta el hallazgo del cuerpo. La familia, integrada también por la madre Luisa Cárdenas, ha cuestionado la respuesta de las autoridades, incluyendo un retraso de más de 80 días para que la Fiscalía accediera a videos de redes sociales relevantes. Además, han recibido amenazas que los obligaron a cambiar de residencia, al igual que al colegio, mientras la Gobernación de Cundinamarca abrió una investigación administrativa contra la institución educativa.
Denuncias de negligencia y llamado a nueva investigación
En noviembre de 2025, la familia interpuso una acción de tutela para acceder al expediente completo del caso. Ahora solicitan indagar a un nuevo sospechoso y posibles alteraciones en la escena del hallazgo. El padre de Valeria ha sido contundente en sus declaraciones, uniendo su dolor al de otras familias afectadas por desapariciones similares.
“Yo dejé a mi hija en el colegio y la recogí en una morgue”
Manuel Afanador, padre de Valeria
“Mi hija fue raptada del colegio”
Manuel Afanador, padre de Valeria
El caso de Valeria ha galvanizado protestas ante la Fiscalía, donde familias de otras desaparecidas como Tatiana Hernández y Ángela Sofía se han unido en demanda de justicia. Mientras el río Frío guarda silencio sobre lo ocurrido ese fatídico día escolar, las irregularidades señaladas mantienen viva la exigencia de respuestas claras y exhaustivas en este trágico suceso que conmociona a Cundinamarca.















