La Encuesta Nacional de Salud Mental 2025 ha revelado un alarmante incremento en la prevalencia de depresión, ansiedad e ideas suicidas entre los adolescentes colombianos de 12 a 17 años, con cifras que triplican y cuadruplican los registros de 2015. Según el informe, un 10,4% de los adolescentes presenta un probable trastorno emocional, siendo las mujeres las más afectadas con un 12,8%, frente a un 8,1% en los varones. Además, un 2,9% ha recibido diagnóstico profesional de depresión y un 2,7% de ansiedad generalizada. En cuanto a la ideación suicida, un 4,8% la reportó en los últimos 30 días, con una incidencia del 6,4% en mujeres y del 2,2% en hombres. Las conductas autolesivas también han aumentado, afectando al 2,9% de la población adolescente, con una prevalencia tres veces mayor en mujeres que en varones.
El estudio identifica varios factores de riesgo que explican este preocupante panorama. La discriminación escolar emerge como uno de los principales detonantes, ya que entre los adolescentes que la han sufrido, la prevalencia de trastornos emocionales alcanza el 20%. Asimismo, aquellos con antecedentes familiares de enfermedad mental presentan una prevalencia del 17%, mientras que los menores no escolarizados registran un 16,8%. Los grupos más vulnerables incluyen a la población LGTBIQ+, los migrantes, las víctimas del conflicto armado y los adolescentes en áreas rurales, quienes enfrentan mayores niveles de exclusión social y violencia. La comorbilidad entre depresión y ansiedad es elevada, lo que potencia el riesgo de ideación suicida, especialmente en quienes padecen estrés postraumático, donde un 31,4% manifestó ideas suicidas. Incluso en la niñez, la prevalencia de ideas suicidas alcanza el 2,1%, lo que subraya la gravedad del problema desde edades tempranas.
A pesar de la gravedad de los datos, la respuesta del sistema de salud es insuficiente. Menos de la mitad de los adolescentes diagnosticados busca atención profesional, y casi un tercio debe esperar más de un mes para recibirla. Solo uno de cada cuatro accede a tratamiento farmacológico sin costo, lo que evidencia las barreras económicas y de acceso que enfrentan las familias. Este subregistro es considerable, ya que muchos adolescentes no reciben una valoración clínica adecuada, lo que agrava su situación.
La comparación con los datos de 2015 es contundente: los casos de depresión, ansiedad e ideas suicidas se han multiplicado de tres a cuatro veces en la última década. La encuesta subraya la urgencia de implementar políticas públicas con perspectiva de género, territorial y comunitaria, que aborden las causas estructurales de esta crisis. El entorno escolar se consolida como un eje central de riesgo, donde la soledad y el aislamiento afectan desproporcionadamente a los grupos más vulnerables.
Frente a este panorama, los expertos instan a fortalecer la detección temprana en los colegios, reducir el estigma en torno a la salud mental y asegurar la presencia de profesionales en todo el territorio, especialmente en áreas rurales. La falta de acceso a atención oportuna y de calidad no solo perpetúa el sufrimiento de los adolescentes, sino que aumenta el riesgo de consecuencias fatales. La Encuesta Nacional de Salud Mental 2025 se convierte en un llamado de alerta para que el país priorice la salud mental juvenil como una emergencia de salud pública.












