Errores al almacenar aceite de oliva aceleran su oxidación y pérdida de nutrientes

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El aceite de oliva virgen extra, apreciado por su sabor y sus beneficios nutricionales, es un producto especialmente sensible a factores ambientales como la luz, el calor y el oxígeno. Sin embargo, muchos consumidores cometen errores al almacenarlo y usarlo, lo que acelera su oxidación y provoca la pérdida de sus propiedades. Una guía de buenas prácticas difundida recientemente por Infobae compila estos fallos comunes y ofrece recomendaciones clave para conservar la frescura y el valor de este ingrediente fundamental de la dieta mediterránea.

El principal enemigo del aceite de oliva virgen extra es la combinación de luz, temperatura elevada y contacto con el aire. Estos tres factores destruyen los antioxidantes y polifenoles naturales del aceite, generando sabores rancios y reduciendo su potencial nutricional. Por ello, los expertos recomiendan almacenar el producto en un lugar fresco y oscuro, con una temperatura ideal que oscila entre los 18 y los 20 grados centígrados. Asimismo, los envases opacos, ya sean de cristal oscuro o latas metálicas, protegen mejor que recipientes transparentes; el oxígeno que entra por envases mal cerrados también acelera el deterioro, por lo que se debe mantener el tapón bien ajustado y evitar trasvasar el aceite a plásticos no aptos para alimentos o a aceiteras de cobre.

Errores cotidianos que dañan el aceite

Uno de los errores más comunes es exponer el aceite a la luz natural o artificial de forma constante, lo que destruye sus antioxidantes. También se desaconseja calentarlo repetidamente, como ocurre cuando se reutiliza el mismo aceite para freír más de una o dos veces. La guía señala que, en caso de freír, lo máximo recomendado es una o dos reutilizaciones, siempre filtrando los restos de comida para eliminar partículas que aceleran la degradación. Además, no todos los aceites de oliva son iguales: el virgen extra, obtenido únicamente por métodos mecánicos, conserva pureza, aroma y sabor, pero es también el más frágil. Por eso se sugiere usarlo preferentemente en crudo, como aliño final, y no exponerlo a altas temperaturas prolongadas.

Otro aspecto importante es la fecha de consumo preferente. Aunque después de esa fecha el aceite no se estropea como otros alimentos, pierde aromas, frescura y matices. Para verificar si ha envejecido, se puede calentar suavemente una muestra en una copa: si aparecen notas a madera vieja o barniz, su calidad gastronómica y nutricional ha disminuido. En la cocina doméstica o profesional, mantener el aceite en su envase original opaco y cerrado, alejado de fuentes de calor como estufas o ventanas, y comprar formatos acordes al consumo habitual (por ejemplo, botellas pequeñas si se utiliza con poca frecuencia) son medidas sencillas que prolongan su vida útil y preservan sus propiedades.

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