Esposa entrega a esposo por asfixiar a amante en Medellín y cobra $40 millones de recompensa

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En Medellín, Colombia, un hombre asfixió a su amante, Mariana Ortega, de 20 años, durante una intensa pelea motivada por celos, en un crimen que ocurrió semanas después del 3 de febrero de 2021. Tras el asesinato, el victimario, quien era la tercera pareja de Mariana, durmió junto al cadáver, lo envolvió en una sábana y plástico, y pagó 2.000 pesos a un reciclador para que lo descartara en un basurero frente a la estación de Prado. El cuerpo fue hallado el 5 de febrero, identificado el 8 de febrero gracias a tatuajes reconocidos por su familia en la morgue, y el victimario recibió una condena de 34 años y 6 meses de prisión en mayo de ese mismo año. Sorprendentemente, fue su propia esposa quien lo entregó a las autoridades a cambio de una recompensa de 40 millones de pesos.

Mariana, quien se convirtió en madre a los 15 años y tenía un historial de violencia en sus relaciones desde los 14, trabajaba en la venta de estupefacientes y en el trabajo sexual. Su novio mostraba una vigilancia extrema y celos desmedidos; el día del crimen, ella dejó su celular y una navaja en un hostal pidiendo que vigilaran, mientras una amiga alertó sobre amenazas de la esposa del victimario. Según el relato de Camila Ortega, hermana de la víctima, en el pódcast Conducta Delictiva, el agresor la puso en la cama tras la asfixia, salió y regresó para acostarse a dormir con ella, aún «desmayada» como él la describió; al día siguiente, al ver que no reaccionaba, la envolvió tal cual y la sacó de la habitación.

Un patrón de violencia y amenazas ignoradas

La familia de Mariana presenció agresiones previas en sus relaciones, con huidas por ventanas y un temor constante. Camila Ortega relató cómo el victimario la amenazaba constantemente, diciéndole que si lo dejaba se quitaría la vida, lo que generó miedo en Mariana, quien siempre ponía límites a su familia: no se metieran porque ella lo arreglaría. El propio victimario confesó que no lo quería hacer, que no fue premeditado y que actuó por celos.

“Él la amenazaba. Le decía siempre que si lo dejaba, él se iba a quitar la vida. Y ella ya tenía miedo, ya sabía que él podía cumplir esa amenaza”

Camila Ortega, hermana de Mariana

“no lo quería hacer, que no era algo que tuviera premeditado, que lo hizo por celos”

Victimario, novio de Mariana

La familia permanece devastada, con los niños de Mariana afectados por preguntas sin respuesta y un temor profundo a una posible liberación anticipada del victimario. La indignación crece por la respuesta institucional a la violencia de género, en un caso que expone la vulnerabilidad de mujeres atrapadas en ciclos de abuso y la frialdad con la que se trató un cuerpo como desecho urbano.

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