Estudio detecta cocaína en el agua potable de cinco ciudades colombianas

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Un informe del Center for a Secure Free Society (SFS), con sede en Washington D.C., ha detectado trazas de cocaína en el agua potable de cinco ciudades colombianas: Bogotá, Cali, Cartagena, Popayán y Quibdó. El documento, titulado “Contaminación Invisible: cocaína e insumos químicos asociados a su producción en el agua potable de Colombia”, fue elaborado por el director ejecutivo del SFS, Leonardo Coutinho, y el senior fellow José Gustavo Arocha, con muestreos y análisis de laboratorio realizados por un equipo de la Universidad de La Sabana. La investigación, cuyas tomas de muestra se efectuaron entre diciembre de 2025 y enero de 2026 y que fue difundida este año, cubrió 12 ciudades y 19 puntos de recolección, abarcando a 17 millones de personas, equivalente al 32% de la población colombiana. Las concentraciones de cocaína encontradas oscilaron entre 2 y 30 nanogramos por litro, una cifra que contrasta con los 0,3 a 0,4 nanogramos por litro reportados en estudios europeos para ciudades de alto consumo.

Según el informe, la contaminación no se limita a la cocaína. También se detectaron sustancias como acetona, metanol, nitrógeno amoniacal y diésel, que los investigadores vinculan directamente con los precursores químicos que ingresan a Colombia desde China para la producción de droga. El análisis de la base UN Comtrade entre 2015 y 2024 permitió identificar patrones anómalos en siete corredores comerciales de sustancias químicas de doble uso, entre los que destacan el corredor China-Brasil, que pasó de 14,7 millones de unidades en 2020 a 183,2 millones en 2022 —un incremento del 840%—, para luego colapsar un 79% entre 2023 y 2024. El corredor China-Venezuela creció un 33.000% entre 2018 y 2019, mientras que el corredor China-Colombia aumentó un 103% entre 2021 y 2024. Los autores descartan que la cocaína detectada provenga únicamente del consumo urbano, pues las concentraciones colombianas superan ampliamente las europeas y no tienen respaldo empírico en el consumo per cápita. Sostienen que los residuos del procesamiento ilícito se extienden a través del agua hacia las grandes ciudades, generando una contaminación química difusa y persistente.

Las cifras de la contaminación

El muestreo reveló que en Bogotá se encontraron 0,030 microgramos por litro (µg/L) de cocaína antes del tratamiento en la planta La Regadera y 0,018 µg/L en Tibitoc, mientras que tras el tratamiento se registraron 0,027 µg/L. En Cali, la planta Puerto Mallarino reportó 0,030 µg/L antes del tratamiento, aunque la sustancia no persistió tras la potabilización. Cartagena presentó 0,032 µg/L en el Canal del Dique y 0,005 µg/L en agua tratada. En Popayán se detectaron 0,004 µg/L directamente en el grifo, y en Quibdó, 0,002 µg/L. Además, se encontraron niveles de acetona en agua tratada de entre 2 y 32 µg/L en siete ciudades, con el máximo en Villavicencio. El metanol alcanzó picos de 4,3 mg/L en Florencia y 3,2 mg/L en Montería, superando el valor de referencia de 3 mg/L establecido por el Departamento de Salud de Minnesota. El nitrógeno amoniacal llegó a 2,7 mg/L en Bogotá, muy por encima del umbral de 0,5 mg/L de la EPA estadounidense. También se hallaron concentraciones de diésel en pretratamiento de 22,2 mg/L en Tibitoc (Bogotá) y 9,9 mg/L en el Canal del Dique (Cartagena), frente a una referencia de 0,05 mg/L.

“Tal como revelan los hallazgos del SFS, el volumen alarmante de precursores químicos y gasolina vertidos en la producción de cocaína está generando una contaminación masiva y silenciosa. Este derrame tóxico no solo aniquila la fertilidad de nuestros suelos en las zonas de origen, sino que se expande a través del agua hasta llegar a las grandes ciudades”, afirmó Leonardo Coutinho, director ejecutivo del Center for a Secure Free Society.

Leonardo Coutinho, Director Ejecutivo del Center for a Secure Free Society

El informe también vincula la contaminación con el consumo de gasolina en municipios como Policarpa (Nariño), donde se registran 179 galones por habitante al año, y Mutiscua (Norte de Santander), con 202 galones, frente a un promedio nacional de 45 galones. Estas zonas coinciden geográficamente con corredores de cultivo y procesamiento de coca documentados por autoridades colombianas. Asimismo, el estudio señala que Colombia utiliza 372,9 kilos de fertilizante por hectárea cultivable, el doble del promedio de América Latina y el Caribe, según datos del Banco Mundial y la FAO. Los investigadores advierten que la cocaína en concentraciones ambientales de 0,001 µg/L ya tiene efectos documentados en el ADN y la germinación de plantas, lo que representa un riesgo para cultivos como café, arroz, banano, cacao, tomate y cebolla. Además, los residuos alcalinos del procesamiento alteran el pH del suelo.

China como fuente de precursores

El informe señala a China como la principal fuente global de precursores químicos ilícitos, citando el Informe de Precursores 2024 de la JIFE, el Informe Europeo sobre Drogas 2024 de la EUDA y el Informe INCSR 2025 del Departamento de Estado de EE.UU. Los autores destacan que, en el corredor China-Brasil, el valor unitario declarado cayó a menos de un tercio mientras el volumen crecía un 840% en un año, un patrón que consideran incompatible con una reposición industrial. El colapso de ese corredor coincide con controles más estrictos de Colombia en 2022 e investigaciones de la Policía Federal brasileña sobre desvío de precursores. El informe también vincula la expansión del corredor China-Ecuador con más de setenta cruces fronterizos no autorizados entre Ecuador y Colombia, concentrados cerca de Nariño y Putumayo. Aunque el documento aclara que la aplicación normativa desigual de China —firme en el orden interno, laxa hacia terceros— no constituye un patrocinio estatal formal del narcotráfico, sí la califica como una “asimetría estructural” de la que el Estado chino no queda exento de responsabilidad política.

Los autores del informe piden ampliar el monitoreo ambiental y epidemiológico, y advierten que las poblaciones más vulnerables son los niños y los adultos mayores. Aunque las concentraciones halladas no permiten inferir efectos clínicos inmediatos ni constituyen una alarma sanitaria, el documento insiste en la necesidad de combatir el narcotráfico desde la raíz. “Pretender que los sistemas de tratamiento filtren esta carga química es ignorar el origen del problema. Combatir el narcotráfico desde la raíz es indispensable no solo para acabar con la violencia y la captura del Estado, sino para proteger el territorio y la salud de todos los colombianos”, concluyó Coutinho. El informe fue financiado por el SFS, un centro de seguridad y defensa hemisférica, y contó con la colaboración de expertos latinoamericanos que pidieron no ser identificados por razones de seguridad.

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