Andrés «Huellas», ex sayayín del Bronx de Bogotá capturado en 2012, desmintió en una entrevista con Jorge Lizcano, conocido como “Moneda”, los mitos sensacionalistas sobre canibalismo generalizado en ese centro de drogas, al tiempo que confirmó la existencia real de un cocodrilo, perros utilizados para tortura y canecas de ácido, al describir las operaciones como una empresa criminal perfectamente organizada con turnos de vigilancia de 24 horas, desde las 11 de la mañana hasta las 11 de la mañana del día siguiente.
En su testimonio, «Huellas» rechazó los relatos exagerados de un supuesto chef que afirmaba haber cocinado carne humana, calificándolo como un simple habitante de calle mentiroso que buscaba notoriedad al presentar a los sayayines como caníbales, cuando en realidad funcionaban como vigilantes contratados por las bandas para evitar conflictos en el Bronx, un infame sector intervenido en mayo de 2016 por 2.500 policías y efectivos que rescataron menores, detuvieron criminales e incautaron armas, drogas y objetos robados, desmantelando así el control territorial de las mafias.
Prácticas reales y mitos desmentidos
El ex sayayín detalló prácticas estremecedoras que sí ocurrieron, como el uso de perros no para matar sino como método de tortura, y las canecas de ácido para desaparecer cuerpos, además del cocodrilo cuya piel fue vendida en el mercado de Restrepo tras ser dividido en cuatro partes por la Secretaría de Hábitat durante la intervención de 2016, aunque negó el canibalismo generalizado y aclaró que en casos donde no podían sacar los cuerpos completos por la cercanía de la policía, se llevaban partes como brazos que se asaban en las terrazas y se mezclaban en el «combinado», una sopa hecha con desechos de restaurantes que se daba a los habitantes de calle.
«Para nosotros, él (hombre que afirmó ser chef en el Bronx) es un gran mentiroso porque quiso mostrar que éramos caníbales. En realidad, era solo un habitante de calle más. Yo no lo invitaría a cocinar en mi casa. Cuando salíamos del lugar, éramos personas diferentes; todo funcionaba como una empresa, una organización. Cumplíamos turnos de veinticuatro horas, de once de la mañana a once de la mañana del día siguiente. Así funcionaba, como una empresa.»
Andrés «Huellas», ex sayayín del Bronx
«Cuando no podíamos desaparecer a las personas, en algunos casos se llevaban partes del cuerpo, como brazos, y en las terrazas se asaban y se mezclaban en la comida, pero solo para ellos. El ‘combinado’ era una mezcla de desechos de todos los restaurantes que llegaban al lugar. Si no podíamos sacar los cuerpos y la policía estaba cerca, sí se les dio esa comida a los habitantes de calle.»
Andrés «Huellas», ex sayayín del Bronx
«El cocodrilo sí existió. Cuando lo sacaron, creo que fue en 2016, la Secretaría de Hábitat tuvo que dividirlo en cuatro partes por su tamaño. El cuero se vendió en el Restrepo.»
Andrés «Huellas», ex sayayín del Bronx
«Lo que se decía sobre los perros también era cierto, aunque no mataban a nadie; se usaban como método de tortura. Lo de las canecas de ácido también fue real. Muchas de las cosas que se contaban ocurrieron, aunque otras no son ciertas.»
Andrés «Huellas», ex sayayín del Bronx
Este revelador testimonio de «Huellas» arroja luz sobre la crudeza organizada del Bronx antes de su desmantelamiento, separando hechos verificables de las leyendas urbanas que circularon tras la operación policial de 2016, y subraya cómo los sayayines operaban bajo una estructura empresarial al servicio de las bandas criminales que dominaban el territorio.











