En un fallo de primera instancia que ha estremecido al mundo deportivo de Santander, el exentrenador de la Liga de Atletismo de Santander, Giovanny Vega Blanco, fue condenado a 30 años de prisión por el abuso sexual sistemático de siete menores de edad en Bucaramanga. Los hechos, ocurridos entre 2014 y 2022, tuvieron lugar en entornos escolar, deportivo y en el propio domicilio del agresor, quien aprovechó su posición de poder y su trayectoria como entrenador para intimidar y someter a las víctimas. Además de la pena privativa de la libertad, el juez dictó una inhabilitación de 20 años para ejercer derechos y funciones públicas, mientras que la defensa del condenado aún puede interponer recursos legales contra esta sentencia.
La Fiscalía del caso, que recopiló más de 30 testimonios, describió un patrón de violencia multifacético que iba más allá del abuso sexual. Según el ente acusador, Vega Blanco ejercía violencia física, psicológica, económica y sexual. «Dado que la violencia física, psicológica, económica y sexual ejercida por Giovanni Vega Blanco, dada la notoria asimetría y el ejercicio de poder ejecutado dentro de los entornos escolar, deportivo y el domicilio en los que estaba inmersa, generó un ambiente de coacción determinante, incluso al punto de ponerla en condiciones de inferioridad que le impidieron dar su libre consentimiento», explicó el fiscal del caso. El exentrenador utilizaba su rol de cuidador para someter a las adolescentes, intimidándolas con exigencias físicas excesivas en los entrenamientos si no accedían a sus pretensiones, y amenazándolas con recordarles su vulnerabilidad al decirles que no tenían familia ni nada, que estaban solas.
Testimonios desgarradores de las víctimas
Los relatos de las víctimas, que tenían entre 15 y 17 años al momento de los hechos, revelan un ambiente de constante humillación y coerción. Una de las adolescentes declaró: «En los entrenamientos fue bastante exigente y era muy grosero cuando no hacíamos los tiempos que él quería. A mí me decía que tenía las mejores nalgas del estadio y me decía a mí y a otra compañera que las nalgas de nosotros estaban muy buenas, y cuando pasábamos nos decía que ahí iban los dos mejores culos del estadio». Otra víctima recordó cómo Vega Blanco utilizaba la excusa de no cobrarles los entrenamientos para justificar su dominio: «Me decía que yo tenía que ser agradecida porque él no me estaba cobrando los entrenamientos». Estos abusos se cometían en privacidad, con el agresor siempre vigilante para no ser descubierto. Una de las niñas narró cómo la tocaba: «Me soltaba el sostén, pero era la espalda, entonces no le vi problema, pero sí me sentí incómoda. En una ocasión, me bajó la licra con los calzones y me estaba tocando, me masajeaba las nalgas (…) Él escuchaba que venía alguien y me subía rápido la licra y los calzones y hacía como que no pasaba nada».
El caso cobró fuerza en 2022, cuando familiares de las atletas y el entonces presidente de la Liga de Atletismo de Santander, Juan Gabriel Henao, presentaron múltiples denuncias ante la Fiscalía. Entre quienes alzaron la voz para visibilizar estos crímenes se encuentran las atletas Martha Jazmín Guerrero, María Alejandra Salas, Ximena Restrepo y Geraldine Medina, cuyos testimonios contribuyeron a desmantelar el silencio que rodeaba los hechos. Las víctimas, que vivían en condiciones de vulnerabilidad, sufrieron graves daños emocionales como resultado del abuso prolongado, y la sentencia representa un paso en la búsqueda de justicia, aunque el proceso aún no está cerrado debido a la posibilidad de apelación.












