En medio de un plantón que reunió a promotores de lectura y mediadores culturales a las afueras de la Biblioteca Nacional de Colombia, el exministro de las Culturas, las Artes y los Saberes, Juan David Correa, pidió este 22 de octubre de 2026 la renuncia de la nueva directora de la entidad, Julia Cristina Daza Noguera, al considerar que su perfil no tiene relación con el sector bibliotecario del país. La protesta se produjo un día después de que la Resolución 2090, expedida el 21 de octubre, suspendiera temporalmente el servicio de atención al público en la sede del centro de Bogotá, una medida que los manifestantes leen como una consecuencia directa del desfinanciamiento que afecta a la Red Nacional de Bibliotecas Públicas.
Daza, comunicadora social y periodista de la Universidad de La Sabana con posgrado en Derecho Público e Instituciones Administrativas de la Universidad de los Andes, se había posesionado el pasado 1 de octubre con un mensaje en el que aseguró que asumía el cargo con “humildad, gratitud y profundo sentido del deber”. Sin embargo, su llegada ha sido recibida con escepticismo por sectores culturales, y Correa, quien lideró esa cartera en el Gobierno anterior, fue contundente al referirse a su nombramiento: “Debería renunciar porque no tiene nada que ver con el sector de las bibliotecas públicas, no ha hecho parte de él, no es editora, escritora, nunca ha trabajado en el mundo de los libros y no vemos por qué una persona que no pertenece a esa tradición está aquí adentro”.
Una red en riesgo
La crisis de fondo, no obstante, trasciende el perfil de la nueva directora. Tatiana Barajas, mediadora de lectura, escritura y oralidad, denunció durante la manifestación que “nos deben dos meses de sueldo” y que el Plan Lectura, Escritura, Oralidad y Bibliotecas Arnoldo Palacio se encuentra paralizado en el Chocó, donde once municipios han exigido su continuidad. “La excusa es el terremoto, lo cual es mentira”, agregó la mediadora. La Red Nacional de Bibliotecas Públicas, que articula a 1.150 bibliotecas en todos los municipios de Colombia, enfrenta así una situación crítica que pone en vilo los programas de lectura que se han construido desde 2003, cuando se puso en marcha el Plan Nacional de Lectura y Oralidad.
«Lo que está en riesgo no es solamente un edificio, es un tejido social de promotores de lectura, de municipios, de niños, de gente que ama la lectura y que ha crecido leyendo en este país»
Juan David Correa, exministro de las Culturas
Frente a las críticas, Daza ha defendido su hoja de vida, que incluye más de veinte años de experiencia en el sector público, empresarial y de cooperación internacional, con labores de articulación territorial entre el Gobierno nacional, gobernaciones y alcaldías, además del liderazgo de estrategias corporativas y diplomáticas en Europa y Singapur. Sin embargo, Correa insistió en que todos los directores anteriores de la Biblioteca Nacional tenían vínculos con el mundo de las bibliotecas y que la actual designación rompe con esa tradición.
Mientras tanto, los manifestantes advierten que el desfinanciamiento no solo afecta los salarios de los mediadores de lectura, sino que amenaza con desarticular una red que ha sido fundamental para comunidades enteras. La suspensión temporal de los servicios de la Biblioteca Nacional el 22 de octubre, aunque justificada por la entidad, se convierte en el símbolo de una crisis que, según las voces en el plantón, no se resuelve con un cambio de directora, sino con una apuesta presupuestal que garantice la continuidad de las bibliotecas públicas en todo el país.









