Quince años después del feminicidio de Sandra Viviana Ravelo Murillo, ocurrido en enero de 2011 cuando la joven de 26 años desapareció tras salir de su trabajo en un bar de Bosa y fue hallada sin vida ocho días después en una zona boscosa de Arborizadora Alta, en Ciudad Bolívar, las fallas en la investigación continúan marcando a su familia y dejando preguntas sin resolver. La madre, Clariza Murillo, el hermano John Fabio Ravelo, quien es patrullero de la Policía, e incluso el exnovio absuelto John Alexander Quintero, también agente policial, coinciden en que los errores forenses, la mala interpretación de los perfiles de ADN y la ausencia de técnicas de perfilación criminal impidieron esclarecer plenamente el caso.
El cuerpo de Sandra fue encontrado con signos de agresión sexual múltiple, lesiones por arma blanca y en estado de semiesqueletización, con desmembramiento causado por necrofagia animal. En sus genitales y muslos se hallaron tres perfiles de ADN: el de Quintero, el de Néstor Yesid Sánchez, quien se declaró culpable y cumplió una condena de 10 años tras allanarse a los cargos (actualmente en libertad condicional), y un tercer perfil que, según el médico forense Aníbal Navarro, sigue sin identificar. La investigación permaneció durante casi tres años en la oscuridad hasta que la familia contrató una abogada que descubrió que el expediente estaba a punto de ser archivado, lo que reactivó el proceso y llevó a las capturas de 2014.
John Alexander Quintero, quien estuvo preso cinco años antes de ser absuelto en 2020, ratificó su inocencia en 2024. Su ADN en el cuerpo de Sandra se explicó por una relación sexual previa, cuya persistencia puede durar hasta 120 horas y transferirse incluso a la muda de ropa interior. “En la mañana era un policía bien normal trabajando para una institución y en la noche era un delincuente. Yo no podía creer eso”, declaró Quintero al referirse a la narrativa inicial de la fiscalía. “Me tiraron la vida y la de esa familia también”, agregó, señalando el impacto del proceso judicial.
Errores técnicos que marcaron el caso
El médico forense Aníbal Navarro, quien participó en el análisis del cuerpo, fue categórico al señalar que la investigación adoleció de serios vacíos. “Se comenzaron a presentar hipótesis sin bases técnicas y de lo poco que había técnico se hizo una interpretación por parte de la fiscal que estaba en su momento, pero sin apoyo de los especialistas forenses”. El psicólogo forense Roberto Sicard, por su parte, indicó que no se aplicaron técnicas de perfilación criminal, lo que habría mejorado la eficacia del proceso. Sicard describió al agresor como “un sujeto extremadamente violento, extremadamente impulsivo, muy probablemente de un gran carácter egocéntrico que no toleraba un no”.
Néstor Yesid Sánchez, el único condenado, se acogió al derecho al silencio y nunca explicó si hubo otros responsables. La familia de la víctima ni siquiera sabía que Sánchez había salido de prisión. La madre, Clariza Murillo, aún reclama justicia y cree que Quintero sabe más de lo que ha dicho. “Me gustaría que él hablara, que dijera la verdad. Él debe saber en lo más profundo de su corazón quiénes fueron y quiénes estaban con él ese día para hacerle tanta cosa a mi hija”, expresó.
“Me gustaría que él hablara, que dijera la verdad. Él debe saber en lo más profundo de su corazón quiénes fueron y quiénes estaban con él ese día para hacerle tanta cosa a mi hija”
Clariza Murillo, madre de la víctima
El caso de Sandra Viviana Ravelo ocurrió apenas un año y cuatro meses antes del feminicidio de Rosa Elvira Celis en 2012, otro crimen que conmocionó a Bogotá. La madre recuerda que, tras la desaparición, entró al bar donde trabajaba su hija rompiendo un vidrio y encontró manchas de sangre en el baño, pero en ese momento no les dio importancia. El hermano, uniformado de policía, intentó incluso ingresar al Bronx, la zona de consumo de drogas, para buscar a su hermana. La identificación del cuerpo fue posible gracias a una manilla con la inscripción “I wish” que Sandra mandó a hacer para el bar; la carta dental confirmó el reconocimiento en Medicina Legal.
Quintero, por su parte, describió cómo su hija de 8 años creyó que estaba en un curso de la policía durante su tiempo en prisión, mientras él hacía juegos para maquillar la situación carcelaria. El tercer perfil de ADN sigue siendo una línea abierta que, según el forense Navarro, podría vincularse a futuro con nuevos análisis. Mientras tanto, la familia de Sandra espera que la verdad no quede sepultada por el olvido y que los errores de aquella investigación sirvan para evitar que otras víctimas corran la misma suerte.












