Expertos ambientales y académicos han descartado categóricamente que sea posible realizar fracking sostenible en Colombia, en respuesta a la reciente afirmación del exministro y fórmula vicepresidencial de Abelardo de la Espriella, José Manuel Restrepo, quien aseguró que esta técnica de extracción de hidrocarburos no convencionales sí puede implementarse con responsabilidad ambiental. La controversia, que se avivó el pasado 8 de junio con la publicación de Restrepo, ha puesto sobre la mesa el debate sobre la seguridad energética del país y las condiciones reales para desarrollar proyectos de esta naturaleza en el Magdalena Medio, zona donde se han propuesto pilotos de fracturación hidráulica.
Restrepo basó su postura en modelos internacionales y en el aval de la ambientalista Sandra Bessudo, señalando que el fracking sostenible y responsable puede fortalecer la seguridad energética, generar empleo y dinamizar la economía sin renunciar a la protección de los ecosistemas. Sin embargo, Camilo Prieto Valderrama, doctor y activista ambiental, fue contundente al replicar que Colombia no cuenta con las condiciones técnicas, sociales ni ambientales para replicar esos modelos. El principal obstáculo, según Prieto, es la ausencia de modelos hidrogeológicos calibrados en la región del Magdalena Medio, sumado a que esta fuente de energía no cuenta con licencia social en el país, un factor determinante para cualquier intervención territorial.
Falta de condiciones técnicas y sociales
Prieto Valderrama explicó a Infobae Colombia que, si bien el fracking ha tenido un proceso de maduración tecnológica desde el año 2000, implementarlo en el país presenta dificultades insalvables por ahora. El experto subrayó que, en su criterio, no vale la pena priorizar estos proyectos para incrementar las reservas de gas natural, y propuso como alternativa acelerar la entrada en operación del proyecto Cirrus, un desarrollo de gas natural frente a las costas del Caribe colombiano a cargo del consorcio Ecopetrol-Petrobras, considerado el mayor descubrimiento de gas en la historia del país. Según Prieto, esta opción haría completamente innecesario el desarrollo de proyectos de fracking no convencional.
«La respuesta es sí, siempre que se haga con responsabilidad, tecnología y los más altos estándares ambientales. Así lo validamos con la experta ambientalista Sandra Bessudo. El fracking sostenible y responsable puede convertirse en una herramienta para fortalecer la seguridad energética, generar empleo y dinamizar la economía, sin renunciar a la protección de los ecosistemas y las comunidades. Colombia no tiene que elegir entre crecimiento y sostenibilidad. Puede y debe avanzar en ambos caminos al mismo tiempo».
José Manuel Restrepo, exministro y fórmula vicepresidencial
Por su parte, July García, docente de gestión ambiental de la Universidad Politécnico Grancolombiano, fue enfática al señalar que no es posible desarrollar el fracking sin generar algún nivel de afectación inherente a la intervención del territorio. García destacó que Colombia, al ser uno de los países más biodiversos del mundo, exige que cualquier iniciativa de esta naturaleza sea evaluada con un alto nivel de rigurosidad técnica. Esto implica considerar no solo los impactos directos del proyecto, sino también los posibles efectos acumulativos y sinérgicos sobre los ecosistemas, los recursos naturales y las comunidades del área de influencia, un estándar que, según la académica, no se cumple en las condiciones actuales.
El debate surge en un momento clave para la política energética colombiana, donde la necesidad de aumentar las reservas de gas natural choca con las exigencias de protección ambiental y los derechos de las comunidades. Mientras Restrepo insiste en que el país no debe elegir entre crecimiento y sostenibilidad, los expertos consultados advierten que, sin los estudios hidrogeológicos adecuados y sin una licencia social consolidada, cualquier intento de fracking en el Magdalena Medio representaría un riesgo innecesario para la biodiversidad y el bienestar de las poblaciones locales.
«No es posible desarrollar este tipo de actividad sin generar algún nivel de afectación inherente a la intervención del territorio… Colombia al considerarse como uno de los países más biodiversos del mundo exige que cualquier iniciativa de esta naturaleza deba ser evaluada con un alto nivel de rigurosidad técnica, considerando no solo los impactos directos del proyecto, sino también los posibles efectos acumulativos y sinérgicos sobre los ecosistemas, los recursos naturales y las comunidades del área de influencia».
July García, docente de gestión ambiental, Universidad Politécnico Grancolombiano












