En una revelación impactante que remueve las páginas más oscuras del narcotráfico en Colombia, Alias La Negra, exsicaria de Pablo Escobar, confesó que su esposo se infiltró en la Policía de Medellín durante la década de 1980 para robar veinticinco uniformes completos, los cuales fueron entregados a Prisco, uno de los lugartenientes más temidos del Cartel de Medellín. Estos uniformes sirvieron para disfrazar a los sicarios como agentes y ejecutar operaciones criminales, incluyendo allanamientos falsos, asesinatos y ataques encubiertos en barrios como Aranjuez, epicentro de la violencia narco en esa época, especialmente en 1987.
La confesión, dada en el programa Más Allá del Silencio, detalla cómo el esposo de La Negra, motivado por la precariedad económica, la falta de estudios y la ausencia de oportunidades laborales —ella quedó embarazada joven sin terminar su educación y él soñaba con ser boxeador sin éxito—, fue incitado por Prisco a ingresar a la institución policial. Una vez dentro, sustrajo los uniformes que permitieron a las bandas simular operativos oficiales, ingresando a viviendas para ejecutar a sus objetivos sin levantar sospechas. En esos años, los pagos por el asesinato de un policía oscilaban entre uno y tres millones de pesos, una suma exorbitante que representaba «mucha, muy buena plata» en un contexto de abundancia de dinero ilícito pero necesidad extrema para sobrevivir.
Los testimonios que estremecen
La Negra, quien durante años críticos del narcotráfico fue una sicaria activa del Cartel de Medellín, relató los primeros trabajos de localización de policías mediante trabajadoras de salones de belleza, y cómo el barrio Aranjuez se convirtió en cuna de sicarios impulsados por la necesidad y la ambición desmedida. Los uniformes robados no solo facilitaron la infiltración de las bandas en las rutinas policiales, sino que transformaron a los criminales en falsos agentes, permitiendo allanamientos ilegales y matanzas selectivas con total impunidad aparente.
«Yo recogí por ahí veinticinco uniformes completos de la policía. Y eso le sirvió mucho a Prisco para entrarse a muchas partes a hacer su vida de bandido».
Alias La Negra, exsicaria de Pablo Escobar
«Todos se volvieron policías y a la hora era entrar allanamientos o a, o a gente o como te digo, a lo que saliera».
Alias La Negra, exsicaria de Pablo Escobar
Estas declaraciones exponen la profundidad de la corrupción y la infiltración en las fuerzas del orden durante el auge del Cartel de Medellín, recordando cómo la pobreza y la falta de alternativas empujaron a muchos a la delincuencia. El testimonio de La Negra no solo ilustra las tácticas brutales empleadas por Prisco y sus hombres, sino que sirve como advertencia histórica sobre las raíces sociales de la violencia narco en Colombia.
«Un millón, como tres millones. Y en ese tiempo era mucha, muy buena plata, porque en el 87, en esos, es que la plata era de las buenas y, y había mucha plata, pero había que trabajar».
Alias La Negra, exsicaria de Pablo Escobar
«En la necesidad también de salir adelante, porque (…) uno nunca estudió. Yo quedé embarazada y yo nunca estudié. Y mi esposo tampoco trabajó por ningún lado y que él quería ser boxeador y yo no sé si eso daba para comer o no».
Alias La Negra, exsicaria de Pablo Escobar
Este relato, surgido de las profundidades del pasado criminal de Medellín, subraya la complejidad de las historias personales detrás del terror que sembró el Cartel, invitando a reflexionar sobre las lecciones no aprendidas en más de tres décadas.












