Fallece a los 93 años Náfer Durán, el acordeonero que Gabo no coronó en Valledupar

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El acordeonero Náfer Santiago Durán Díaz, conocido como Náfer Durán y proclamado Rey Vallenato en 1976, falleció este martes 29 de septiembre a los 93 años en Valledupar, Cesar, tras sufrir quebrantos de salud. El músico, nacido el 26 de diciembre de 1932 en El Paso, Cesar, en una familia de tradición musical, deja un legado imborrable en el folclor colombiano, aunque su nombre quedó ligado para siempre a una de las decisiones más polémicas en la historia del Festival de la Leyenda Vallenata: aquella de 1983 cuando el jurado presidido por el nobel Gabriel García Márquez lo declaró «fuera de concurso» en lugar de otorgarle su segunda corona profesional, distinción que recayó en Julio César Rojas Buendía.

Durán, quien aprendió a tocar el acordeón de manera empírica desde los siete años con un instrumento de una sola hilera, sostenía sin titubeos que aquel día él había ganado el festival. En repetidas ocasiones, el juglar señaló que García Márquez favoreció a Rojas Buendía por su amistad personal. «García Márquez no quiso que yo fuera rey por segunda vez y le dio la corona a Julio Rojas porque eran muy amigos, a mí me declaró fuera de concurso para disimular un poco ante el público, pero todo el mundo sabe que yo gané ese festival», afirmó Durán en entrevista citada por el diario El Pilón. Y añadía con serenidad: «Ese día yo gané y todo el mundo lo sabe, no cogí rabia ni le reclamé a ‘Gabo’, todo quedó ahí».

Un jurado de lujo y una decisión que marcó la historia

El jurado del Festival de la Leyenda Vallenata de 1983 estuvo compuesto por cinco figuras de primer orden: Gabriel García Márquez, Enrique Santos Calderón, Rafael Rivas Posada, Miguel López Gutiérrez y el legendario compositor ciego Leandro Díaz. La explicación oficial, ofrecida por el propio García Márquez, fue que Durán no había sido derrotado, sino declarado «fuera de serie», fuera de concurso, una categoría excepcional que evitaba entregarle una segunda corona. Para Durán, aquello fue apenas un «disimulo». Pese a la controversia, el músico nunca rompió del todo con el Nobel; su reclamo quedó en el terreno de la anécdota, y con los años se convirtió en una historia que él mismo contaba sin rencor, como parte de su vasto legado oral.

Nieto de Juan Bautista Durán Prettel, gaitero, e hijo de Luis Felipe Durán, Náfer creció en un entorno donde la música era el lenguaje cotidiano. Era familiar de Alejo Durán, conocido como El Negro Apa, autor de clásicos como Evangelina, Alicia Adorada y Joselina Daza. Su primer repertorio incluyó música de indios farotos y porros, antes de componer obras propias. «La persona que toca acordeón tiene unas capacidades innatas, yo aprendí en el monte, mi abuelo y mi papá fueron músicos», contaba. Y explicaba: «Antes no había pentagramas y nada de eso, nosotros aprendimos de manera empírica, son raros los músicos que leen en pentagramas, el único es ‘El Turco Gil'».

«Dejar de tocar mi acordeón es morir en vida»

Náfer Durán, juglar

Con su inseparable sombrero blanco, Náfer Durán se presentó durante décadas en festivales y plazas, siempre con el acordeón como extensión de su cuerpo. En enero de 2026, apenas unos meses antes de su muerte, le dijo a la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata que no podía retirarse de la música. Su partida, ocurrida en Valledupar, cierra la vida de un hombre que, más allá de las coronas y las controversias, encarnó la esencia del vallenato tradicional: la transmisión oral, el aprendizaje en el monte y la fidelidad a un instrumento que, como él mismo decía, era su razón de vivir. El folclor colombiano pierde a uno de sus juglares más auténticos, pero su historia, con sus luces y su única sombra de 1983, queda para siempre en la memoria musical del país.

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