Fallece Antonio Navarro Wolff, copresidente de la Constituyente de 1991

Compartir en redes sociales

Antonio Navarro Wolff, excomandante del M-19 y una de las figuras centrales en la redacción de la Constitución de 1991, falleció el 1 de noviembre de 2026. Su muerte reavivó el análisis de su papel determinante en la Asamblea Nacional Constituyente que reemplazó la Constitución de 1886 y fijó las bases institucionales del país. Navarro, ingeniero sanitario de la Universidad del Valle, había pasado de ser guerrillero a constituyente y candidato presidencial, representando la transición de un grupo insurgente a la vida democrática tras el acuerdo de paz firmado en marzo de 1990.

La noticia de su muerte, ocurrida en una fecha que no fue precisada en la información oficial, se suma a una coincidencia histórica: los otros dos copresidentes de la Asamblea Constituyente, Horacio Serpa Uribe y Álvaro Gómez Hurtado, fallecieron también en fechas cercanas al 1 de noviembre. Serpa murió el 31 de octubre de 2020, y Gómez Hurtado fue asesinado el 2 de noviembre de 1995. Así, los tres copresidentes de aquel organismo histórico tienen sus muertes registradas en tres días consecutivos del calendario.

El papel de Navarro en la Constituyente de 1991

Navarro Wolff llegó a la Asamblea Constituyente como copresidente, en una dirección colegiada que respondió a la ausencia de mayorías absolutas. Junto a Serpa, del liberalismo, y Gómez Hurtado, del Movimiento de Salvación Nacional, lideró un proceso que en solo cinco meses —del 5 de febrero al 4 de julio de 1991— produjo una nueva Carta Política. La Alianza Democrática M-19, partido surgido de la desmovilización, obtuvo 19 de los 70 escaños sometidos a votación popular el 9 de diciembre de 1990, ubicándose entre las tres principales corrientes. Los registros del Banco de la República señalan que Navarro participó en proyectos relacionados con reforma constitucional, disposiciones transitorias y normas de excepción, incluyendo figuras que reemplazaron el estado de sitio.

La elección de constituyentes se dio en medio de una crisis política y de violencia que cuestionó la capacidad de las instituciones. La iniciativa de la Séptima Papeleta, impulsada por sectores estudiantiles, convirtió la convocatoria en una exigencia ciudadana respaldada en las urnas. La Asamblea reunió abogados, economistas, dirigentes sociales, líderes indígenas, representantes religiosos, periodistas y exintegrantes de grupos armados en procesos de paz. De ese crisol surgió una Constitución que estableció un amplio catálogo de derechos y creó herramientas como la tutela, las acciones populares, la Defensoría del Pueblo y la Corte Constitucional.

Una trayectoria marcada por la paz

Navarro asumió la candidatura presidencial de la AD M-19 en 1990 tras el asesinato de Carlos Pizarro Leongómez. En esas elecciones obtuvo 754.740 votos, quedando en tercer lugar y consolidando a su movimiento como una expresión relevante fuera de los partidos tradicionales. Su participación en la Constituyente tuvo un sentido institucional, al representar una bancada con capacidad de iniciativa y voto, y también simbólico, al demostrar que la negociación con una insurgencia podía traducirse en presencia legal bajo reglas democráticas. Durante los meses de deliberaciones, la Gaceta Constitucional publicó 144 números, reflejando la intensidad del debate.

La muerte de Antonio Navarro Wolff, a 35 años de aquellos acontecimientos fundacionales, invita a revisar no solo su legado personal sino el de una generación que, desde distintas orillas, logró construir un pacto político que aún rige la vida del país. Su desaparición física ocurre en un momento en que Colombia enfrenta nuevos desafíos institucionales, y su nombre queda asociado para siempre a la promesa de una Constitución que buscó cerrar las brechas de la exclusión y la violencia.

Sigue leyendo