Familias colombianas consumen pescado y dulces típicos por abstinencia en Semana Santa

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En Colombia, las familias de diversas regiones del país se preparan para Semana Santa con el consumo de platos típicos a base de pescado y dulces tradicionales, reemplazando la carne roja en cumplimiento de la tradición de abstinencia y ayuno como penitencia por el sacrificio de Jesucristo. Esta costumbre se intensifica especialmente los Jueves y Viernes Santo, período en el que se conmemora la pasión, muerte y resurrección del Señor durante la última semana de Cuaresma. Para el 2026, la celebración iniciará el Domingo de Ramos el 29 de marzo y culminará el Domingo de Pascua el 5 de abril.

En lugares como la Costa Caribe, Sucre, Córdoba, Tolima, Huila, Santander, Atlántico y Popayán, los hogares se llenan de aromas de pescados cocidos al vapor o en guisos acompañados de yuca, plátano, papa, leche de coco, tomate, cebolla y ajo. Entre los platos más representativos destacan el arroz de lisa envuelto en hoja de bijao junto a bollo de yuca en la Costa Caribe, el mote de queso con ñame, queso costeño y suero atollabuey en Sucre y Córdoba, la viuda de pescado elaborada con bocachico o capaz en Tolima y Huila, así como la sopa de indios o ruyas con albóndigas de maíz rellenas de queso en Santander. Además, es común el pescado seco de bagre o mero, mientras que los dulces incluyen preparaciones de ñame, papaya en forma de caballito, leche cortada con limón, guandú o frijol de palo, mamey, y en Popayán, las empanadas de pipián con papa colorada, maní tostado y huevo, todo bañado en almíbar de canela y clavo.

Una tradición que refleja la diversidad regional

Esta práctica no solo responde a la prohibición de carne roja los Jueves y Viernes Santo, sino que también refleja la rica diversidad de la historia, el clima y la cultura de cada región colombiana. En la Costa Caribe, por ejemplo, el arroz de lisa captura la esencia marina y tropical, mientras que en el interior como Tolima y Huila, la viuda de pescado evoca recetas ancestrales adaptadas al entorno andino. Los dulces, por su parte, aportan un toque de dulzura penitencial, elaborados con frutas locales y técnicas transmitidas de generación en generación.

De esta manera, Semana Santa se convierte en una oportunidad para fortalecer los lazos familiares alrededor de la mesa, honrando la fe católica y preservando el patrimonio gastronómico del país, en un ritual que une a las familias colombianas en un acto de reflexión y sobriedad espiritual.

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