Fitch Ratings, la agencia calificadora internacional, publicó el 25 de marzo de 2026 un análisis que advierte sobre la creciente dependencia de Colombia del gas importado, impulsada por la disminución de la producción nacional mientras el consumo sigue en aumento. Este escenario provocará una reconfiguración del sistema energético del país, con adaptaciones en la infraestructura existente como la modificación de la estación de Ballena en la costa Caribe para permitir el flujo inverso de gas a través de la red de gasoductos, tradicionalmente diseñada para transportar desde la costa hacia el interior. La agencia destaca que estos cambios generarán presiones en los precios del gas, afectando la estabilidad energética de la nación.
La producción de los campos nacionales está cayendo, lo que obliga a expandir la capacidad de importación en 718 millones de pies cúbicos por día adicionales, alcanzando un total de 1.175 millones de pies cúbicos por día, por encima de la demanda proyectada de 1.100 millones. Entre los proyectos clave figuran el ODC de Ecopetrol y Promigas, con 400 millones de pies cúbicos estándar por día y una inversión de 1.000 millones de dólares; el SPEC de Promigas con 475 millones; la FSU Guajira de TGI por 300 millones y 135 millones de dólares; la regasificadora del Pacífico con 60 millones y 172 millones de dólares; Amazónica LNG con 150 millones y 150 millones de dólares; y la regasificación Copacabana de EPM con 15 millones y 80 millones de dólares. Actualmente, el precio del gas importado se sitúa en 12,5 dólares por millón de unidades térmicas británicas, pero podría superar los 20 dólares en caso de un cierre del Estrecho de Ormuz, con un suministro prioritario limitado al 20% de la demanda.
Adaptaciones prácticas y riesgos económicos
Fitch Ratings considera que adaptar la infraestructura existente, como la red de gasoductos y terminales costeros, es más viable que construir nuevos ductos, alineándose con el Plan de Abastecimiento de Gas 2023-2038 de la UPME, que propone buscar nuevas reservas, maximizar las existentes y desarrollar rutas alternativas de transporte. Sin embargo, esta transición podría derivar en contratos de suministro más cortos y el traslado de costos adicionales a los usuarios finales, además de frenar la salida gradual del carbón si los precios altos persisten.
Alternativas como la opción venezolana
Como alternativa, se menciona la rehabilitación de 140 kilómetros de tubería existente y la construcción de 88 kilómetros nuevos para importar gas desde Venezuela, un proceso que tomaría al menos dos años. Estos pronósticos de Fitch subrayan la urgencia de diversificar fuentes energéticas en Colombia para mitigar vulnerabilidades en la matriz gasífera, asegurando el abastecimiento ante la inevitable transformación del panorama productivo nacional.












