La candidatura de Paloma Valencia, que prometía ser un hito político en Colombia, terminó naufragando por una combinación de factores estratégicos y de dinámicas internas que fueron erosionando su viabilidad electoral. El análisis del profesor Sergio Andrés Morales-Barreto, de la Facultad de Estudios Jurídicos, Políticos e Internacionales de la Universidad de La Sabana, señala que la falta de una estrategia clara para conquistar el voto femenino, el desgaste de su amplia coalición de aliados, las tensiones internas por la elección de su fórmula vicepresidencial y la migración del electorado de derecha hacia opciones más radicales terminaron por sepultar sus aspiraciones.
Valencia había logrado imponerse en la gran consulta realizada en marzo de 2025 con una coalición que en ese momento parecía sólida. Sin embargo, el apoyo se fue diluyendo semana a semana entre partidos y líderes regionales. «Lo que nació grande se fue vaciando por dentro y no por fuera. Para el 31 de mayo, la coalición era más una fotografía del pasado que una fuerza real en las calles», explicó el académico al describir el proceso de descomposición de la alianza que inicialmente respaldaba a la candidata.
El fallido acercamiento al voto femenino
Uno de los puntos más críticos fue la incapacidad de conectar con las mujeres colombianas, que representan 27,2 millones de personas, es decir, el 51,2% de la población nacional. «La campaña de Paloma Valencia no logró traducir el hecho histórico de su candidatura en una estrategia clara para llegar a las mujeres colombianas», afirmó Morales-Barreto. A pesar de que ser la primera mujer con posibilidades reales de llegar a la Presidencia o al Senado por una fuerza de derecha constituía un hecho sin precedentes, el equipo de campaña no supo capitalizar esa ventaja simbólica entre un electorado femenino que no es homogéneo y que demandaba propuestas concretas.
La inclusión de Daniel Oviedo, exdirector del Dane, como su compañero de fórmula vicepresidencial buscaba ampliar la coalición hacia el centro político, pero generó un severo descontento en las bases más tradicionales del Centro Democrático. «Sectores conservadores tradicionales del Centro Democrático no se vieron del todo identificados con un vicepresidente de perfil liberal… Para una base electoral que vota desde la identidad y desde los valores, esa diferencia no es un detalle menor», señaló el profesor. La tensión entre el perfil técnico y liberal de Oviedo y el núcleo duro uribista terminó por fracturar la unidad interna que toda campaña requiere.
El avance de la opción radical
Mientras Valencia perdía apoyo, el electorado de derecha comenzó a girar hacia Abelardo de la Espriella, quien capturó la atención con un discurso más radical y emocional. «El nacionalismo emergente funciona: no necesita programa, necesita emoción», sentenció Morales-Barreto, explicando que la competencia emocional de de la Espriella resultó más efectiva para movilizar a una base que buscaba posiciones firmes y contundentes. La candidatura de Valencia, que había nacido con el respaldo de una coalición amplia, se vio superada por una opción que apelaba directamente a las pulsiones más profundas del electorado conservador, sin las ataduras de las alianzas y los equilibrios internos que terminaron por asfixiar su campaña.












