Bogotá vivió dos impactantes intentos de secuestro frustrados en menos de una semana, captados en cámaras de seguridad y difundidos ampliamente en redes sociales. El primero ocurrió el lunes 26 de enero, poco después de las 2:00 de la tarde, en una calle residencial del sur de la capital, donde una menor no identificada que practicaba patinaje frente a su casa frente a un local comercial abierto logró escapar tras una caída provocada por un taxi amarillo. En una maniobra coordinada con un auto blanco, ambos vehículos avanzaron con las puertas semiabiertas en menos de 30 segundos, pero la niña cayó y los atacantes huyeron sin consumar el delito.
El segundo incidente tuvo lugar en el barrio Marco Fidel Suárez, de la localidad Rafael Uribe Uribe, cuando un hombre de tez morena y gorra negra descendió de un taxi e intentó arrebatar a un niño de los brazos de su madre, Karen Grajales. Ella forcejeó con el agresor, escapó inicialmente pero cayó al suelo debido a su calzado, logrando repeler el ataque en un entorno cotidiano que generó pánico inmediato. Según testigos y las imágenes, la acción parecía planeada por la coordinación de los vehículos involucrados.
Alarma entre vecinos y padres genera revuelo en redes
Las secuencias de ambos casos, difundidas por Actualidad Viral y medios locales en plataformas como TikTok, han desatado una ola de preocupación entre los residentes del sur de Bogotá y padres de familia, destacando la vulnerabilidad en vías públicas y entornos residenciales habituales. Los videos muestran con crudeza cómo los delincuentes operan en pleno día, lo que ha multiplicado las alertas en redes sociales sobre la seguridad infantil en la ciudad.
«Yo no le vi nada de malo».
Karen Grajales, madre del niño atacado
«Siento mucho miedo, por mí y mi hijo, porque esto nunca me había pasado; yo no sé qué está pasando».
Karen Grajales, madre del niño atacado
Estos frustrados secuestros subrayan la necesidad de mayor vigilancia en barrios como Marco Fidel Suárez y zonas residenciales del sur, donde actividades diarias como patinar o caminar se convierten en riesgos inesperados, avivando el temor colectivo y las demandas de reforzamiento en la seguridad ciudadana.












