En una conmovedora entrevista concedida a Infobae Colombia, las gemelas trans Emma y Gabriela Espinosa, originarias de Bogotá, relataron su proceso de transición de género, que inició cuando se identificaban como hombres gay y se remontó a su infancia con rituales diarios de oración para convertirse en mujeres. Emma, psicóloga y fundadora de la colectiva Memoria Trans, y Gabriela, funcionaria de la Secretaría Distrital de Integración Social de Bogotá y también cofundadora de la misma organización, explicaron cómo su deseo de sentirse cómodas con sus cuerpos las llevó a superar años de bullying, culpa y rechazo familiar, con un apoyo mutuo en terapia e inspiración de referentes trans encontrados en redes sociales.
Desde pequeñas, las hermanas Espinosa experimentaron una profunda disforia con su identidad, manifestada en rituales católicos que practicaron durante uno o dos años, dedicando dos horas diarias de 7:00 p. m. a 8:00 p. m., antes de ver las novelas en televisión, arrodilladas y suplicándole a Dios que las transformara en mujeres. A los 19 años confirmaron su homosexualidad, pero fue a los 21 cuando Gabriela inició formalmente su transición, un camino que ambas siguieron con determinación pese al acoso escolar y la violencia física por su afeminamiento en la adolescencia.
Superando el rechazo y la violencia familiar
Las gemelas sufrieron golpizas y bullying constante solo por no encajar en el canon masculino, lo que exacerbó su deseo de cambio. Gabriela incluso tuvo un intento de suicidio antes de emprender la transición. Su familia recurrió a terapia para aceptar primero la homosexualidad y luego la transición, aunque algunos parientes paternos se alejaron por sus creencias religiosas. Un referente clave fue su tío Miguel, quien en los años 90 fue gay y brevemente trans, inspirándolas indirectamente. Con el tiempo, evolucionaron espiritualmente hacia la santería en busca de una conexión más afín.
«Rezábamos todos los días dos horas pidiéndole a Dios que nos volviera mujeres».
Emma Espinosa, psicóloga
«Casi siempre era como de 7:00 p. m. a 8:00 p. m., antes de las novelas. Era, básicamente, eso: sentarnos, más que todo arrodilladas, casi siempre».
Gabriela Espinosa, funcionaria de la Secretaría Distrital de Integración Social
Ambas expresaron sin arrepentimientos su satisfacción con la decisión tomada. «Nunca me he arrepentido y ha sido mi mejor decisión», afirmó Emma, mientras recordaban con humor cómo «nunca pasó, (Dios) nos dejó en visto, como siempre decimos, pero fue bien; eso nos hizo entender que eso no iba a pasar de esa manera». «Nos daban en la jeta cuando éramos pequeñas. Nos golpeaban, sufríamos de bullying, solo por ser afeminadas o no vernos dentro del canon», agregó Gabriela, subrayando las dificultades superadas para llegar a su actual rol como activistas y profesionales en Bogotá.

















