Gobierno de De la Espriella arranca sin mayorías fijas en el Congreso

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El presidente electo Abelardo de la Espriella asumirá el Congreso de la República con un bloque amplio pero sin mayorías aseguradas, en un escenario de fragmentación política que obligará a su gobierno a negociar proyecto por proyecto con al menos 16 curules clave de partidos bisagra. La coalición de gobierno parte de 37 senadores y 53 curules en la Cámara de Representantes, pero necesita sumar apoyos de partidos sin posición definida, como La U, el Conservador, los liberales y Alianza por Colombia, para alcanzar las mayorías necesarias en un Congreso compuesto por 103 senadores y 188 representantes.

En el Senado, la distribución de fuerzas es un reflejo de la fragmentación: el gobierno cuenta con 37 senadores de Centro Democrático, Cambio Radical, Salvación Nacional y Mira, mientras que la oposición declarada suma 26, incluyendo al Pacto Histórico y la curul de Iván Cepeda. Las 37 curules restantes, que incluyen a La U, el Conservador, los liberales y Alianza por Colombia, no tienen una posición definida y serán el campo de batalla de la gobernabilidad. El potencial máximo de votos para el gobierno podría alcanzar 54 si suma los 8 de La U y los 9 del Conservador, sin contar al senador Wadith Manzur, quien está preso. En la Cámara de Representantes, la situación es similar: 53 curules de gobierno confirmadas, 42 de oposición y 88 sin posición definida.

Los partidos bisagra y sus tensiones

El exsenador Carlos Fernando Motoa advierte que los partidos bisagra, incluidos los que se declaran de gobierno, pueden darle la espalda al presidente electo. “Vienen acostumbrados a un clientelismo, una mermelada, una burocracia. Y eso lo integran liberales y La U. Ellos van a pretender tener los espacios de poder, toda esa representación que les dio el gobierno actual. Aunque esos partidos han dicho manifestar cercanía, son los primeros que pueden tratar de generar algunos reveses”, señaló Motoa. En el liberalismo, nombres como María Eugenia Lopera, Fabio Raúl Amín y Yessid Pulgar son clave. Amín tiene una indagación previa de la Corte Suprema por presuntas cuotas burocráticas en el Fondo Nacional del Ahorro. En el Conservador, Wadith Manzur está preso por su presunta participación en el saqueo a la UNGRD, y siete congresistas del partido fueron sancionados por la Veeduría Nacional por aprobar la reforma pensional, entre ellos Daniel Restrepo, Miguel Ángel Barreto y Diela Liliana Benavides Solarte. En La U, figuras como Wilmer Carrillo, condenado en primera instancia; Alfredo Deluque; John Besaile, también condenado en primera instancia; y Antonio Correa, configuran un bloque de poder con intereses propios. La Alianza Verde, que integra a Verdes, ASI y En Marcha, respaldó en bloque la candidatura de Iván Cepeda y proyectos del gobierno anterior, pero algunas figuras podrían coincidir con el nuevo gobierno.

“Partidos bisagra e integrantes de los mismos, así se declaren de gobierno, son los que pueden darle la espalda al presidente electo. Vienen acostumbrados a un clientelismo, una mermelada, una burocracia. Y eso lo integran liberales y La U. Ellos van a pretender tener los espacios de poder, toda esa representación que les dio el gobierno actual. Aunque esos partidos han dicho manifestar cercanía, son los primeros que pueden tratar de generar algunos reveses”.

Carlos Fernando Motoa, exsenador

La lección del 20 de julio

La fragilidad de la coalición se evidenció el 20 de julio, cuando la elección de Honorio Henríquez, del Centro Democrático, como presidente del Senado se produjo pese al apoyo gubernamental a Alfredo Deluque, de La U. Además, la aprobación de la posesión presidencial en el Cauca, que requirió 55 votos a favor y 32 en contra, demostró que las lealtades partidistas no son fijas y que las alianzas se reordenan por proyecto. La liberal María Eugenia Lopera, quien votó a favor de la reforma de la salud, declaró sin ambages: “Lo hice con total convicción, no tengo nada de que arrepentirme”. Este tipo de conductas individuales, más que las declaraciones formales de los partidos, definirán la gobernabilidad del nuevo gobierno.

El análisis de la firma Orza, citado por El Colombiano, describe un Congreso fragmentado, competitivo y sensible a la representación política, donde las mayorías dependen de acuerdos sucesivos, priorización del gobierno y administración de expectativas partidistas y regionales. La gobernabilidad de Abelardo de la Espriella dependerá de negociaciones permanentes con los partidos bisagra —La U, Conservador, liberales y Alianza por Colombia— y de la conducta individual de congresistas, en un escenario donde las curules clave son más valiosas que los bloques declarados. El nuevo presidente deberá construir mayoría proyecto por proyecto, en un Congreso donde la fragmentación es la única certeza.

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