El gobierno del presidente Gustavo Petro rechazó de manera contundente la propuesta de dolarización de la economía colombiana planteada por el candidato presidencial Abelardo de la Espriella, calificándola de inviable y riesgosa para la soberanía nacional. Tanto el mandatario como la ministra de Comercio, Industria y Turismo, Diana Morales, salieron al paso de la iniciativa que cobró fuerza tras la primera vuelta electoral del 31 de mayo, en la que De la Espriella obtuvo el 43,7% de los votos, equivalentes a más de 10 millones de sufragios, superando por poco al candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda, quien alcanzó el 40,9%.
En una serie de declaraciones divulgadas a través de redes sociales y medios de comunicación, el presidente Petro fue especialmente enfático al descalificar la propuesta. «Yo quiero un Banco de la República independiente de los banqueros más ricos del país, pero cambiar el peso por el dólar cuando el peso es más fuerte que el dólar es una soberana estupidez», afirmó el jefe de Estado, quien además arremetió contra sectores que considera afines a intereses externos: «Mequetrefes de Miami, Colombia es libre y soberana, no una colonia de pacotilla». El tonó del presidente refleja la firmeza con la que su administración ha decidido enfrentar el debate económico abierto por el candidato opositor.
Los riesgos según el Gobierno
La ministra Diana Morales, por su parte, ofreció un análisis técnico detallado para sustentar la posición del Gobierno. En sus declaraciones, advirtió que «la dolarización entraña riesgos económicos e institucionales de enorme magnitud porque no elimina los desafíos que enfrentan las economías; reduce gran parte de las herramientas con las que pueden responder a ellos». La funcionaria subrayó que esta medida «limita la capacidad de respuesta frente a esas realidades mediante instrumentos diseñados para atender las condiciones específicas de cada país». Según Morales, adoptar el dólar implicaría «abandonar la posibilidad de adoptar respuestas monetarias acordes con la realidad económica colombiana, restringir sustancialmente el papel del Banco de la República como autoridad monetaria y aceptar que decisiones determinantes sobre liquidez, crédito y condiciones financieras respondan a las necesidades de una economía distinta de la nuestra». En su argumentación, la ministra insistió en que «ninguna economía enfrenta exactamente los mismos desafíos que otra. Las economías tienen estructuras productivas diferentes, mercados laborales diferentes, niveles de desarrollo diferentes y enfrentan desafíos distintos». Finalmente, Morales concluyó que «lo que está en juego es la capacidad de Colombia para preservar instrumentos esenciales de política económica y ponerlos al servicio de una estrategia de desarrollo basada en una economía más productiva, más diversificada y con mayor valor agregado».
«La dolarización entraña riesgos económicos e institucionales de enorme magnitud porque no elimina los desafíos que enfrentan las economías; reduce gran parte de las herramientas con las que pueden responder a ellos»
Diana Morales, ministra de Comercio, Industria y Turismo
La propuesta de Abelardo de la Espriella, candidato del movimiento Defensores de la Patria, plantea sustituir el peso colombiano por el dólar estadounidense y permitir que los colombianos tengan cuentas en dólares en el exterior para protegerse de la inflación. En declaraciones previas, De la Espriella reconoció que «lo ideal para la economía colombiana sería la dolarización, pero es un proceso muy complejo». Sin embargo, su victoria en primera vuelta impulsó el debate y generó una reacción inmediata en los mercados cambiarios: el cierre del dólar el 5 de junio mostró un promedio de $3.588,12, con una subida de $22,8 frente a la TRM de $3.565,32, indicando una volatilidad asociada a la incertidumbre política.
Desde el Centro de Pensamiento Vida, dirigido por Simón Gómez-Azza, también se sumaron voces críticas. En un comunicado, el centro afirmó que «nuestra soberanía monetaria no es negociable» y explicó que «la dolarización de la economía colombiana implicaría la renuncia al control de la política monetaria y cambiaria, con efectos significativos sobre la estabilidad macroeconómica y la capacidad de respuesta ante choques externos». Agregaron que «esto reduce el margen de maniobra para estabilizar el ciclo económico y atender crisis financieras». Además, señalaron un efecto colateral relevante para una economía donde el 3% del PIB proviene de remesas: «Podría generar efectos distributivos adversos, particularmente si se produce un encarecimiento relativo del costo de vida que erosione el poder adquisitivo de los hogares receptores».
El debate sobre la dolarización evoca las experiencias de Ecuador y Panamá, países que han adoptado el dólar como moneda oficial. Mientras sus defensores argumentan que elimina la inflación y la devaluación, los críticos señalan la pérdida de autonomía en política monetaria, la cesión de competencias del Banco de la República y la dependencia de las decisiones de la Reserva Federal de Estados Unidos. La ministra Morales fue clara al advertir que una medida así limitaría la capacidad de respuesta ante crisis y volatilidad, dejando al país sin herramientas para estabilizar el ciclo económico. Con la segunda vuelta presidencial prevista para el 21 de junio, la propuesta de dolarización se ha convertido en uno de los ejes centrales de la contienda electoral, enfrentando a dos visiones opuestas sobre el futuro económico de Colombia.












