En medio de una ceremonia de grado que prometía ser emotiva, Sergio Puello Jiménez se convirtió en el centro de una ovación de pie cuando, al recibir su diploma de contador público de la Universidad del Magdalena, levantó una cartulina blanca con un mensaje que estremeció al auditorio: “No + quimio”. Con ese gesto, el joven egresado no solo celebraba la culminación de sus estudios, sino el fin de un tratamiento de trece sesiones de quimioterapia contra un linfoma de Hodgkin, un cáncer del sistema linfático que lo acompañó durante el último año y medio de su vida académica.
Puello, quien debió aplazar su graduación prevista para finales de 2024 luego de recibir el diagnóstico, completó su formación profesional mientras libraba una batalla silenciosa contra la enfermedad. Los síntomas aparecieron durante sus prácticas profesionales: pérdida de peso, anemia, fatiga constante y dificultades para respirar. Tras las primeras sesiones de quimioterapia, la recuperación fue gradual, pero nunca perdió la motivación. “Me sentí triste en algún momento, muchos de mis amigos y compañeros que comenzaron en la misma cohorte ya se habían graduado. Yo veía que todos se graduaban y llegó un momento en que la mejoría no se me notaba”, confesó el ahora contador público.
Una red de apoyo que sostuvo el sueño
La solidaridad de sus compañeros de estudio fue determinante para que Sergio no abandonara la carrera. Organizaron una colecta para pagar el semestre y mantenerlo vinculado a la universidad durante el tratamiento. El joven reconoció que la institución fue mucho más que un espacio de aprendizaje académico; allí consolidó vínculos que permanecieron activos cuando más necesitó ayuda. “Doy gracias a Dios que no perdí la independencia y mis facultades, gracias a mis padres, abuelos, amigos y compañeros que siempre estuvieron presentes y a todas esas personas que siempre me apoyaron y me dieron una mano amiga”, expresó durante la ceremonia, con la voz quebrada por la emoción.
La última quimioterapia había ocurrido casi dos meses antes del acto de grado, tiempo que Puello aprovechó para preparar su cartel y compartir la noticia con quienes lo acompañaron en el proceso. Su padre, Alberto Cuello, resumió el sentir familiar: “Ha sido un año largo de lucha, pero gracias a Dios estamos aquí asistiendo al grado de mi hijo”. Para el egresado, el título de contador público no es solo un logro académico; es la llave para retomar los proyectos que la enfermedad obligó a detener. Entre aplausos y lágrimas, Sergio Puello Jiménez demostró que un diagnóstico de cáncer puede retrasar un sueño, pero nunca apagarlo.










