Un reciente estudio del Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico (Cede) de la Universidad de los Andes reveló que, incluso obteniendo el mismo diploma y con calificaciones similares, los graduados de estratos altos de una universidad privada de élite en Bogotá tienen 2,5 veces más probabilidades de alcanzar ingresos medio-altos y altos que sus compañeros provenientes de hogares de bajos ingresos. La investigación analizó la inserción laboral de 4.675 graduados de 36 programas de pregrado en 10 facultades, correspondientes a las cohortes que ingresaron entre 2015 y 2018, y que se titularon entre 2019 y 2023, con una encuesta aplicada un año después de obtener el grado y una tasa de respuesta cercana al 70%.
El impacto de “Ser Pilo Paga” como laboratorio natural
El programa “Ser Pilo Paga”, que entregó 40 mil créditos condonables a jóvenes de extrema pobreza con los mejores resultados en la prueba Saber 11, permitió que estudiantes de bajos recursos ingresaran a una universidad de élite cuya presencia de este grupo pasó de menos del 5% a cerca del 30% de las cohortes. Este cambio creó un escenario poco frecuente en Colombia, donde jóvenes de todos los estratos sociales comparten las mismas aulas. Los investigadores del Cede aprovecharon esta coyuntura para comparar los resultados laborales de tres grupos: 921 graduados de estratos 1 y 2 beneficiarios de “Ser Pilo Paga”; 1.680 de estratos 3 y 4; y 2.074 de estratos 5 y 6. Mediante un modelo estadístico que aisló el efecto del origen socioeconómico, controlando por facultad, calificaciones, género, educación de la madre y año de encuesta, encontraron que la brecha persiste de forma significativa.
“Compartir la misma formación universitaria no garantiza trayectorias laborales equivalentes” entre estudiantes de distintos contextos sociales
Autores del estudio, Cede – Universidad de los Andes
Diferencias en promedios y perfiles familiares
Aunque los estudiantes de estratos altos presentan un promedio académico ligeramente superior –4,08 sobre 5 frente a 3,95 del grupo de bajos ingresos, una diferencia de solo 0,13 puntos–, ello no explica la disparidad salarial observada. El estudio también revela profundas diferencias en los capitales sociales y culturales de partida: mientras el 99% de los graduados de estratos altos proviene de colegios privados, en el grupo de bajos recursos ese porcentaje es del 46%. Asimismo, el 92% de las madres de estudiantes de altos ingresos tiene título profesional, frente al 34% en el grupo de menores recursos. Estas diferencias sugieren que las redes de contactos, los códigos culturales y el dominio del inglés adquirido en el colegio –no compensado por la universidad– juegan un papel clave en la transición al mercado laboral.
Posibles causas y propuestas para cerrar la brecha
Los investigadores plantean varias hipótesis sobre lo que denominan “la persistencia de desigualdades de origen” a pesar de compartir la misma formación. Entre ellas, la urgencia económica que lleva a los graduados de bajos ingresos a aceptar el primer empleo disponible, la falta de redes profesionales, y las preferencias en procesos de selección que pueden favorecer a egresados de colegios privados o con acentos asociados a clases altas. Frente a este panorama, los autores del estudio proponen políticas de acompañamiento en la transición al empleo: clases de inglés, preparación para procesos de selección, mentorías, construcción de redes, prácticas conectadas con empleadores y subsidios temporales para quienes enfrentan mayor presión económica. Además, advierten que el estudio tiene limitaciones –como que los ingresos son autorreportados por rangos y que se examina una sola institución– y recomiendan ampliar los seguimientos para determinar si la distancia laboral se reduce o aumenta con los años.










