El resurgimiento de la violencia en Colombia, impulsado por la presencia de grupos armados como el Estado Mayor Central, el ELN, el Clan del Golfo, paramilitares, los ‘Conquistadores de la Sierra’ y la Acsn, está amenazando las rutas clave de avistamiento de aves y frenando el crecimiento del aviturismo, según denuncian guías turísticos y expertos como Felipe Estela, profesor de Biología de la Universidad Javeriana de Cali. Incidentes de amenazas, intimidación, extorsión y cierres forzados de senderos se han reportado en zonas como Anchicayá en el Valle del Cauca, Cocuy, la Serranía del Perijá, San Pedro de la Sierra en Magdalena, el trayecto de Tame a Cocuy, el río Atrato, áreas fronterizas con Ecuador y Venezuela, Chiribiquete, Inírida y Arauca, especialmente evidentes durante el Global Big Day del 9 de mayo, cuando el país registró más de 1.500 especies avistadas por 3.600 observadores.
Este fenómeno se agudiza desde 2022, con las zonas en disputa casi duplicadas, en un contexto de expansión de estos grupos en territorios estratégicos tras el Acuerdo de Paz de 2016, que inicialmente abrió acceso a regiones antes vedadas por el conflicto y disparó el auge del aviturismo en los 67 municipios con alto potencial para esta actividad. Colombia, que alberga el 20% de las especies de aves del mundo, lideró los últimos cinco años el Global Big Day, pero ahora enfrenta reducción de visitas y pérdidas de ingresos en comunidades rurales, con un turista extranjero gastando en promedio 300 dólares diarios.
Presencia armada y brazaletes identificatorios cierran paraísos ornitológicos
Guías turísticos han presenciado directamente la presencia armada, con individuos exigiendo pagos y usando brazaletes identificatorios, como ocurrió en el Global Big Day cuando un guía vio de cerca a supuestos militares que resultaron ser de los ‘Conquistadores de la Sierra’ y la Acsn. Informes de la revista Cambio, la Fundación Ideas para la Paz y la ecóloga Natalia Ocampo-Peñuela, junto a datos de la Gobernación de Cundinamarca, destacan cómo estas dinámicas están afectando la conservación de ecosistemas vitales. Felipe Estela reconoce mejoras en seguridad general, pero lamenta la pérdida de sitios “brutalmente buenos” por problemas recientes.
“Ese día vi de lejos gente con vestidos militares y pensé que eran soldados, pero cuando se nos acercaron, les vi los brazaletes que decían ‘Conquistadores de la Sierra’, Acsn”
Guía turístico, a la revista Cambio
A pesar de las sombras, hay ejemplos positivos como Mapiripán en Meta, Montezuma en el Parque Nacional Tatamá, donde Diego Calderón-Franco, exsecuestrado de las Farc, colabora con excombatientes en iniciativas de aviturismo, y áreas seguras como Usiacurí y Tubará en Atlántico. Fotografías de Colombia Birdfair, Mauricio Dueñas Castañeda/EFE y Colprensa ilustran el potencial perdido.
“Las condiciones de seguridad sin duda han mejorado muchísimo comparado con lo que teníamos, pero ahora hemos perdido la opción de ir a algunos sitios que son ‘brutalmente’ buenos y ya ha habido problemas de seguridad”
Felipe Estela, experto pajarero y profesor de Biología de la Universidad Javeriana Cali
El impacto trasciende lo económico, amenazando la biodiversidad y el liderazgo global de Colombia en aviturismo, urge una respuesta estatal para salvaguardar estos tesoros naturales y las comunidades que dependen de ellos.











